Aprovecho la coyuntura, tardía, pero no menos relevante de la conjunción de tres estrellas de la cultura durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara: el escritor mexicano Elmer Mendoza, el escritor español Arturo Pérez Reverte y los músicos pioneros del narcocorrido, Los Tigres del Norte.

Haré una breve crítica de las novelas La Reina del Sur, de Reverte; y El Amante de Janis Joplin, de Mendoza, que no busca ser erudita, sino meramente informativa para quienes buscan un par de libros que valga la pena leer en estas fiestas, si no es que ya lo han hecho, pues se trata de obras con varios años en el mercado, no son ya novedades editoriales, pero insisto, el tema está en la mesa, en las portadas de los telediarios y los periódicos, así que quizá valga la pena una relectura de estos entretenidos materiales.
La Reina del Sur. Ed. Alfaguara. Calificación: ***

El Amante de Janis Joplin. Ed. Tusquets. Calificación: ****

Ambas novelas son competentes y cumplidoras, pero si me preguntan con cuál me quedo, diré que con la de Mendoza, pues su novela es más norteña, humilde y menos ambiciosa que la de Reverte.
Es curioso, mas comprensible, que el mismo Reverte haya abrevado de la experiencia y la amistad que tiene con Mendoza para llevar a buen puerto su multipublicitada novela La Reina del Sur, tal y como queda asentado en los agradecimientos de la obra. Y el cruce de caminos es evidente, pues Mendoza le dedica El Amante de Janis Joplin a su amigo Reverte.
Deliciosamente galopante y eufórica resulta la narración de la primera parte de La Reina del Sur que inicia en tierra sinaloense y que deja sin aliento y con ganas de más, sin embargo decae la segunda parte que transcurre, densa, en España y otros países europeos, quizá porque es la realidad cercana de Reverte. La terminé de leer, cuando la leí hace varios años, porque soy disciplinado y como quien estudia para el examen de mañana, pero no me atrapó, por eso sólo las 3 estrellas.
En cambio la de Mendoza, sin ser un hito ni parteaguas de la narcoliteratura, es una novela que dosifica con naturalidad la violencia y los giros de esta loquísima historia que se mueve por varias latitudes de México y creo que su principal virtud, además de crear ambientes y situaciones tan verosímiles como fantásticas y oníricas, es crear un protagonista tan torpe como inteligente, paradoja que lo vuelve entrañable, además de su manejo a la perfección del caló y el habla coloquial de distintas regiones. Tal vez haya algunos elementos fuera de lugar dada la época setentera que Mendoza intenta reflejar en la novela, pero es de esas historias cuyos diálogos y vuelcos de trama arrancan carcajadas.