El Master, colaborador de este blog, nos envía desde España una entrevista con un policía que, a pesar de trabajar uniformado, se distingue de los demás:
José Luis Romero es un policía local de Barcelona, España, que a sus 45 años de edad se ha descubierto como escritor del género negro con su primera novela "Siempre quise bailar como el negro de Boney M.", una historia de espionaje industrial e ingeniería genética protagonizada por el ex guardia civil e investigador privado Evaristo Conrado.
Al ritmo mental de canciones como Ma. Baker, basada en la legendaria fugitiva número uno del FBI en los años 30, pero ambientada en la Barcelona contemporánea, la novela deja a un lado el rostro turístico de esta ciudad cosmopolita del diseño para desmenuzar las claves de los bajos fondos barceloneses.
En ella conviven el desempleo, el desarraigo, la marginalidad y obviamente la violencia, las intrigas y los asesinatos, ingredientes indispensables de la novela policiaca. NOTAROJA lo contactó y ésto fue lo que nos platicó:
¿Cómo nació la idea y cuánto tardaste en escribirla?
Surgió mientras leía un artículo publicado en el diario La Vanguardia de Barcelona en el que auguraba que el dopaje genético sería el dopaje del futuro. En él se explicaba el experimento de los "ratones Schwarzenegger": unos ratones a los que se les inyectó un gen que les provocó un descomunal crecimiento de la masa muscular, aunque al poco, los ratones murieron debido a que su organismo no estaba preparado para ese caudal de vida. Ese mismo artículo aseguraba que muchos atletas estarían dispuestos a jugarse la salud a cambio de un oro olímpico. Interiormente me indignó muchísimo leer eso, tomar conciencia de lo que el ser humano es capaz de hacer a cambio de una efímera fama (hay por ahí muchos medallistas olímpicos muertos de hambre). Pero la realidad está sobre la mesa. Mira el ciclismo, el deporte más castigado con esa lacra del dopaje y de tramposos. Quizá deberíamos plantearnos si es que no pretendemos demasiado de nuestros deportistas exigiéndoles que sean auténticos supermanes. Después de concebir la idea no pude parar y todo el tiempo que no estaba trabajando estaba escribiendo, todas las mañanas y todas las noches. Cuando por fin acabé fui consciente de que había estado absorto un año y medio en esta historia, tiempo durante el que conté con el apoyo incondicional de mi familia.
¿Cómo hiciste para compaginar tus trabajos de policía y escritor? Ambos son demandantes...
Escribir supone tener una o varias historias en la cabeza. Historias vivas y que cada día crecen un poco, con lo que tienes una neurona por aquí y la otra por allí. Estás concentrado en todo y en nada a la vez, siempre tomando apuntes y, alguna vez, incluso te levantas de la cama porque te ha venido a la cabeza una idea. Efectivamente el trabajo policial erosiona; te desenvuelves en un medio estresante, demanda tu máxima concentración y necesitas estar continuamente reciclándote, aunque al mismo tiempo me retroalimento de él: muchas situaciones no las hubiese vivido de no ser policía. Yo no diría que he sacrificado mi tiempo libre, diría más bien que he dedicado ese tiempo a mi hobby de escribir. Escribir me relaja. Disfruto creando ambientes y personajes extremos y me facilita huir un poco de este mundo en el que cada es más complicado vivir y que cada vez gira con más virulencia.
¿Qué escritores te han influido?
En novela negra y policíaca me dominan los estilos contundentes y directos de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross McDonald, a los que considero los padres del género. Actualmente leo todo lo que cae en mis manos de Lorenzo Silva y de Andrea Camilleri.
¿Cómo aprendiste a escribir?
Jorge Larena, amigo, escritor y finalista del Premio Planeta 2002 me enseñó el camino y me animó para que escribiera, aunque eso fue sólo el inicio. Luego hubo que leer mucho, leer y desmenuzar cada página, cada párrafo y cada línea de todo lo que cae en tus manos. Cuando comienzas a escribir lees de manera diferente a la normal; fijas tu atención en cómo se cuenta una situación, en si la acción transcurre narrada o protagonizada, hurgas en la naturaleza de los protagonistas y descifras el papel que el autor le ha otorgado a los personajes secundarios. Te fijas en la construcción de los párrafos y, en alguna obra, incluso, ejercitas la imaginación para adivinar la relación que guarda el título con la novela. Lees algo de Dan Brown, Ruiz Zafón o Ildefonso Falcones y analizas cómo cada uno de ellos construye sus best sellers. Soy autodidacta prácticamente en todo.
Haber publicado este libro, ¿te cambió la vida?
Mi vida profesional no ha sufrido grandes cambios, sigo fichando cada día igual que antes y trabajando con la misma implicación. Aunque en el plano personal sí que ha habido momentos importantes: entrevistas en televisión, radio, agencias de noticias, periódicos, o cuando tuve conocimiento que la revista Qué Leer encumbraba a la primera posición de sus recomendaciones de lectura para el verano a Siempre quise bailar como el negro de Boney M. Publicar un libro es un sueño. Cohello decía sobre ello que cuando te propones algo, el universo entero conspira para que lo consigas; una metáfora de 'actúa con decisión, sé constante y alcanzarás tu sueño'.
¿Cuando andas de policía, sientes que lo que vives es de novela?
Cuando estoy trabajando, José Luis el escritor está aislado en algún lugar de mi limbo. El trabajo es una realidad donde debes tomar decisiones que no sólo te afectan a ti, sino que si te equivocas puedes perjudicar a otros. Procuro poner siempre los cinco sentidos. Lo que no quita que alguna imagen o alguna situación quede fotografiada en mi memoria. Tampoco negaré que en momentos de distensión con los compañeros siempre hay alguna anécdota o alguna frase que queda guardada en algún rincón de mi mente y que en algún momento u otro pienso utilizar.
¿Qué piensan tus colegas y tus jefes?
Para mis jefes ha sido toda una sorpresa, puesto que ignoraban esta afición. Alguno incluso me ha preguntado si era una actividad compatible con nuestro trabajo, cosa de la que ya me había asegurado antes. Los compañeros han reaccionado de diferentes maneras, aunque en lo que todos coincidían era a la hora de solicitar algún lugar donde comprarlos con descuento (jajaja). Los policías somos así, siempre buscando "el chocolate del loro".
¿Se promueve en tu país la literatura entre policías?
Particularmente no hay ningún programa que promueva la escritura, aunque sí hay algún Certamen Literario que restringe su participación a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, como el de relato corto de Cáceres, certamen en el que obtuve el primer premio en el año 2005. Este año he presentado un relato a este concurso que se encuentra ya entre los siete finalistas. El dos de octubre, coincidiendo con el "Día de la Policía", se da a conocer al ganador.
¿Qué les sugieres a los policías de otros países para animarse a escribir?
Para escribir, lo primero que se necesita es tener algo que contar, algo que decir al mundo, y no tiene que ser necesariamente algo relacionado con el asunto policial; algo que te oprime el corazón o algo que te carga el hígado de bilis pueden ser un buen punto de partida. Conozco algunos escritores que se han puesto a ello impulsados por alguna de esas vivencias que te cambian la vida. Yo animaría a mis compañeros a que lo intentasen, incluso como terapia.
¿Cómo manejas el estigma y el rechazo hacia la policía, a la que se suele relacionar con abusos y represión?
Los policías locales somos "la mosca cojonera" del ciudadano, somos conscientes de ello: no puede usted hacer esto, no puede usted hacer aquello… Algunos ciudadanos nos culpan de todo lo malo que sucede en sus vidas, otros nos tachan de represores, comparándonos a la policía del franquismo, curiosamente personas que nacieron después de esa etapa y que por suerte han vivido en la época de mayores libertades civiles. Pero con el tiempo, en tu piel prospera una especie de escamilla que te preserva de esas cosas. En cuanto a los abusos, la ley es muy clara: cada uno de nosotros somos personal y directamente responsables de nuestros actos. La ley es implacable con estos asuntos y aquí la sanción es doble: penal y administrativa.
¿Seguirás siendo un policía-escritor o te dedicarás de lleno a la literatura?
Poder vivir de la literatura sería un sueño, aunque de momento seguiré siendo, como tú bien dices, policía-escritor. Con "Siempre quise bailar como el negro de Boney M" he metido las narices en este mundillo, tengo otro libro acabado que ya tienen los editores y en mi mente están bullendo ideas para el nuevo. Saludos desde Barcelona...
Antes de ingresar a la policía, José Luis Romero, nacido en Barcelona, en 1963, cursó estudios de agronomía mientras trabajaba como barman y cadenero en la disco Metro, una de las más famosas de Barcelona en los 80; luego fundó y atendió su propio bar en Roquetes, barrio otrora marginal.
Con el relato corto "Cantos de sirena", el escritor autodidacta ganó el primer premio del Certamen Literario Día de la Policía de Cáceres, España, en 2005, un concurso exclusivo para miembros de las fuerzas policiacas españolas.
La primera edición de 5 mil ejemplares de su primera novela "Siempre quise bailar como el negro de Boney M." salió en junio y ya está agotada.
Está casado y tiene una hija.


Hola Nota roja!
Pues singular combinación y gracias por la recomendación, voto por más novelas de éste género, a mi me encanta la sensación que da, al cerrar el libro al final y por un instante meditar, tragar saliva... esa fuerte sensación que la literatura de cuando en cuando nos hace sentir y que la hacen tan necesaria e insustituible.
Saludos!
Gracias Aimeé, si disfrutas la novela policiaca te recomiendo, y al resto de los lectores también, que visiten el Virtuality Literario de la UNAM www.cazadeletras.unam.mx donde 4 o 5 de las 12 novelas participantes son de corte negro o policiaco, vale la pena leerlas. Saludos.
Hola Nota roja!
Ya fui..y vengo de regreso, está muy bueno, tengo para entretenerme un rato.
Gracias por pasar el link.
Un saludo!