El asesinato de Bill Stewart
Hoy se cumplen 28 años del asesinato del reportero Bill Stewart, corresponsal de la cadena norteamericana ABC a manos de un soldado de
Aunque yo tenía sólo 9 años, recuerdo perfectamente el video del asesinato transmitido sin parar y a todas horas en los noticieros de televisión. Es la primera imagen de muerte real que recuerdo y que jugó parte importante en la decisión del camino que tomé más adelante.
La revolución sandinista ganaba terreno y el famoso hotel Intercontinental de la capital Managua era el centro de operaciones de los periodistas extranjeros. Ahí estaban, por ejemplo, Ricardo Rocha, de Televisa, y Jaime Avilés, del entonces vanguardista Unomasuno, quienes vieron llegar el cadáver de Stewart a bordo de una camioneta junto con los sobrevivientes de su equipo, imagen que fue captada por el fotorreportero Pedro Valtierra, quien acompañaba a Avilés en su cobertura.
Transcribo a continuación un fragmento de una crónica del periodista español Félix Pacheco, publicado en el número 32 de la revista Informadores Gráficos Prensa-TV:
-Oye –me espetó de sopetón Manolo Alcalá-, si tú fueras un cámara y vieras que me van a matar a mí, ¿filmarías la escena?
-Hombre... –respondí ante tan inesperada pregunta y tras mucha congoja-, sé que no filmaría porque, tratándose de ti, me faltaría valor, pero debería hacerlo. Ahora bien, si tú no fueras mi amigo...-
-Pero cuéntame cómo fue lo de Bill Stewart...-
Y se lo conté. Y lo cuento ahora. Cuento la historia de un plumilla (Manolo también lo era) que murió y de unos cámaras que sí tuvieron el valor frente a la muerte de su compañero y amigo, conscientes del peligro que corrían.
Si la dictadura somocista de Nicaragua quedó sentenciada con el asesinato (10-01-1978) de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del diario managüense
Fue en el barrio del Reguero, cerca del actual mercado Roberto Huenbes, al sudeste de la ciudad de Managua. Allí donde los puesteros venden las mejores hamacas de hilo blanco y ligero de Centroamérica. Allí donde las madres dolientes despedirán a los contingentes de chavalos capacitados a velocidad de vértigo para la campaña sandinista de alfabetización y de chavalos como potros desbocados que apenas pueden sostener un viejo Kalashnikov soviético de asalto y parten para una guerra frente a contrarrevolucionarios bien pertrechados en la frontera de Honduras. En aquel lugar cae el periodista Bill Stewart, el 20 de junio de 1979, asesinado por una patrulla de Tachito Somoza, Anastasio Somoza Debayle, el último representante del clan sanguinario que aniquiló vidas y haciendas durante más de cuarenta años en Nicaragua.
Bill, de 37 años, es un reportero norteamericano de
La crónica resulta horripilante. En primicia, Filadelfo Martínez, corresponsal de EFE en Managua, transmite la noticia, que conmociona a la tribu de enviados especiales y corresponsales extranjeros destacados en Managua, aunque él, de momento no tiene acceso a las imágenes crudas de la ejecución. Porque hay imágenes de la ejecución filmadas por las cámaras de Cefalo y Jack Clark, dos compañeros de Bill. La televisión somocista congela esas imágenes por tiempo indefinido. Dado, sin embargo, que Clark y Cefalo las transmiten desde la habitación 307 del hotel Intercontinental, televisiones de otros países, especialmente las de Estados Unidos, se ceban en la pavorosa grabación y la repiten cada diez minutos. Las informaciones iniciales de Filadelfo, sin firma, se amplían en la redacción regional de panamá con los detalles del asesinato que ofrece reiteradamente la televisión de Fernando Eleta, el Canal 4 – RPC Televisión. La crónica firmada se distribuye, asimismo sin dilación, a Madrid y al mundo entero.
De la patrulla de seis o siete, se adelanta un guardia, del que sólo se ha sabido que se apellidaba Álvarez y que lloró con amargura ante un tribunal sandinista. El guardia echa el alto. De los tres periodistas (Bill, Cefalo y Clark) que viajan con el intérprete y el conductor en una furgoneta por
El guardia encañona a Bill y le grita: “Ponte de rodillas, hijueputa, ponte de rodillas”. Bill, que lleva pantalón blanco, camisola de manga corta a cuadros, de cuello desabrochado y raya marcada al lado izquierdo del pelo –muy negro, sin canas-, se arrodilla con los brazos en cruz, pide clemencia y suplica: “No (hablo) español, no español, yo periodista”. El militar ordena a Bill que se tumbe: “¡Acuéstate, hijueputa!” Bill se tumba boca abajo.
El guardia avanza y sacude al periodista una tremenda patada en el costado derecho con la bota de la pierna derecha, retrocediendo a continuación unos pasos, mientras Bill se retuerce de dolor en el suelo y suelta las primeras lágrimas.
El reportero levanta la cabeza, con mirada derrotada y suplicante, a la vez que repite: “No español, yo periodista, yo periodista”.
El guardia, que sostiene el arma con ambas manos, la deja de pronto en la izquierda sólo, avanza de nuevo hacia Bill y, sin piedad, acciona con la derecha el subfusil (M16) apuntando a la nuca de aquel cuerpo tendido en el suelo y que de repente salta sobre los adoquines, casi simultáneamente con el disparo.
Foto:EFE

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Sensacional D dijo
Gracias, Notaroja, por el dato de Ana Paula de Oliveira. Podemos decir que la misión está cumplida.
Y, en otro asunto, qué buena está tu entrada sobre Bill Stewart. Bastante completa e informativa. A pesar de la abultada bibliografía, pareciera que de las guerras civiles de América Central no se ha dicho todo. Y mucho menos de las consecuencias, en los noventa y principios del nuevo siglo.
Existe una falsa sensación de que todo en la región se estabilizó, pero las secuelas de los conflictos no han dejado de surgir, con una virulencia de pobreza, violencia y encono con vistas de seguir latentes.
La marginación y la violencia forman cócteles devastadores. América Central sanar sus heridas ya.
21 Junio 2007 | 05:53 PM