Un estudiante de periodismo, quien por cierto firma con dos nombres distintos, comentó los artículos Prensa Roja y Gobierno, y Ética y Nota Roja, publicados en este blog. En resumen opina que la nota roja es morbosa y sólo sirve como anzuelo comercial para intelectos inferiores, y por lo tanto los reporteros que cubren hechos de sangre no son periodistas. Lo que respondí a sus amables críticas fue lo siguiente:
-Mientras existan en la Constitución los artículos 6 y 7, habrá fuentes de trabajo para los periodistas. Conductas más humillantes, indignas, viles, vergonzosas y crueles han cometido curas, presidentes, militares, gobernadores y primeras damas en todo el mundo a lo largo de la historia. Actualmente en la frívola televisión mexicana hay más programas basura de comicidad estúpida, telenovelas baratas, talk shows escandalosos, concursos bobos, basura de revista, chismes y espectáculos, que de contenido "rojo". Yo sostengo que estos programas aportan mucho menos que la crónica policiaca profesional, pero elevan el rating, eso está claro, sin embargo es lo que la mayoría de los mexicanos hace toda su vida: informarse y entretenerse a través de la caja idiota. Ahí esta el resultado de la elección presidencial.
-Decir que quien escribe sobre hechos de sangre no es periodista equivaldría a afirmar que Normal Mailer, Truman Capote, Gabriel García Márquez, José Revueltas, Arturo Pérez Reverte, Vicente Leñero, Julio Scherer, por ejemplo, no son periodistas ni escritores. Según esta óptica maniquea, lapidaria y descalificatoria, ningún reportero, locutor, articulista, cadena de noticias, periódico o canal de televisión debería hablar o mostrar imágenes, por ejemplo, de la carnciería judía en Líbano. Buscarle solución a los problemas es un asunto de políticos, de gobiernos, de científicos, de intelectuales, de ciudadanos, no de periodistas.