Por Enrique Morán

El desierto de Chihuahua se convirtió en un cementerio clandestino; los cuerpos de muchas mujeres aparecieron ahí, semienterrados y quemados por el sol.

Abdul Latif Sharif, considerado como el asesino serial de mujeres en Ciudad
Juárez, está muerto, y aunque parece que los feminicidios en Chihuahua es un caso cerrado, la duda continúa, y prevalece el temor de que el verdadero asesino esté libre.

Para las autoridades, el Chacal o Depredador de Ciudad Juárez, murió tras las rejas, sin embargo nunca se supo con certeza si los más de 300 homicidios de jovencitas en la zona oriente de esa ciudad fronteriza están relacionados con Latif Sharif.
El Egipcio, como era conocido el detenido por haber nacido en el norte de África, fue condenado sólo por un homicidio y permaneció 10 años en prisión de una condena total de 30 años hasta que la muerte lo sorprendió en forma de un infarto al miocardio tras padecer varios derrames internos que lo mantuvieron mucho tiempo en el hospital.
Pese a que para la Procuraduría de Chihuahua el asesino de mujeres ya está muerto, persisten las dudas sobre la culpabilidad de Latif Sharif. Durante todo su proceso El Egipcio siempre se declaró inocente, tanto del homicidio de Elizabeth Castro García, único asesinato por el que estaba condenado, como por el resto de los crímenes que las autoridades le atribuyeron.
Sharif fue arrestado en 1995 acusado de haber secuestrado, violado y golpeado a una sexoservidora. Al mismo tiempo fue señalado como el asesino en serie de mujeres. Un año después, el juez Quinto de lo Penal del distrito Bravos le otorgó la sentencia absolutoria al no comprobarse esos crímenes. Sin embargo, cuando El Egipcio se disponía a abandonar la prisión, fue nuevamente detenido bajo el cargo del homicidio de la joven Elizabeth.
Latif Sharif tenía el perfil ideal del asesino abominable que las autoridades buscaban. El Egipcio, un ingeniero químico que se nacionalizó estadounidense, fue contratado por una empresa de Ciudad Juárez, sin embargo entonces el africano no hablaba español y su corpulencia era amenazadora.
Se investigó el historial de Latif Sharif y se le encontraron antecedentes penales en Estados Unidos. Abdul enfrentaba cargos por delitos sexuales en Florida,
Nueva York y Texas, y era considerado un delincuente peligroso por los
14 cargos que tenía en su contra. Con estos antecedentes, las autoridades lo presentaron como el asesino serial de mujeres en Ciudad Juárez y se la abrió proceso.

En 1996, mediante un operativo de mujeres policías encubiertas en un bar de la ciudad fronteriza, la Policía desmembró una banda de delincuentes ligados a los feminicidios. Los Rebeldes era una conocida pandilla integrada por 11 sujetos dedicados a la venta de armas, alcohol adulterado y distribución de droga en bares y cantinas de la zona de tolerancia que acostumbraban reunirse en los antros La Fiesta, La Tuna y Joe’s Place, donde se presume raptaron a muchas jóvenes que aparecieron violadas y asesinadas en los suburbios de Ciudad Juárez. Según la versión de las autoridades judiciales chihuahuenses, la pandilla era contratada por El Egipcio para contactar a adolescentes a las cuales narcotizaban en los bares y discotecas para entregárselas a Latif Sharif, quien luego de violarlas, las asesinaba y abandonaba sus cadáveres en colonias como Lote Bravo y Lomas de Poleo.

La Procuraduría del Estado aseguró en su momento que tras el arresto de El Egipcio, Los Rebeldes continuaron los secuestros, violaciones y asesinatos, pues presuntamente Sharif les pagaba desde la prisión para que los cometieran.
Debido a los asesinatos de mujeres posteriores al encarcelamiento de Sharif y Los Rebeldes, continuaron las investigaciones y cayó una nueva banda denominada Los Ruteros, choferes de autobuses de pasajeros, los cuales se dijo, eran también contratados por El Egipcio para violar y matar.
La defensa de Sharif siempre luchó por demostrar su inocencia, pues en el caso de la complicidad con Los Rebeldes o Los Ruteros, nunca se demostró su culpabilidad y por lo tanto no se le pudo sentenciar por esos homicidios que supuestamente ordenó.

En el caso de la muerte de Elizabeth Castro, los abogados de El Egipcio pusieron en dudua su responsabilidad en el asesinato. En su momento, el abogado de Sharif, Saúl Martínez Natera, dijo que la principal prueba para demostrar que Sharif no es culpable del asesinato de Castro García “son las señas particulares de la joven, que no concuerdan con las del cadáver usado como prueba del crimen".
Aparentemente la estatura del cadáver hallado no correspondía con Elizabeth, quien era de menor talla. Sin embargo, la familia de la víctima se negó a realizar la prueba de ADN. La hipótesis es que hacerlo hubiese comprometido el seguro de vida que la maquiladora había comprado para Elizabeth, además de que se dijo que la familia fue amenazada para que aceptaran que los restos eran los de su hija.
Otro elemento que la defensa esgrimió a favor de Latif Sharif, fueron las pruebas periciales llevadas a cabo por el forense (cuya copia proporcionó el abogado) en el supuesto cadáver de la adolescente, pues se hallaron rastros de dos tipos distintos de sangre en la ropa de la víctima, uno de ellos O positivo y el otro A positivo. El Egipcio tiene sangre O positivo, mismo tipo del de Elizabeth, pero quedaba la incógnita de a quién pertenecía el otro rastro hemático. Las investigaciones de la defensa de Abdul revelaron que el novio de la muchacha pertenecía al tipo A, sin embargo nunca se indagó más en esa línea.
Mediante una carta que Sharif envió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, denunció que fue víctima de vejaciones y torturas sicológicas en prisión.
Poco después que se le dictó sentencia, Sharif fue transferido del Cereso de Ciudad Juárez al Penal de Chihuahua, donde murió. Los abogados que llevaron el caso de Sharif siempre se quejaron del maltrato que sufrió su cliente, ellos manifestaron que su ánimo estaba por los suelos y que debido al aislamiento su estado casi llegaba a la locura.
Tras su deceso, sus defensores mencionaron que El Egipcio estaba profundamente deprimido y que tras sus padecimientos de presión arterial que le afectaron en los últimos años, se dejó vencer por la tristeza.
¿Habrán concluido los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez?