No Matarás

Mujer estrangulada en Chimalhuacán.
¿Habrá México inaugurado la era del asesino en serie azteca?
Por Adriana Degetau (texto publicado originalmente en la revista eletrónica 8Ochenta)
“Hallan a hombre muerto de un balazo en la nuca”, “Matan a mujer en asalto”, “Aparece cadáver en una construcción”. Estas noticias son de diario, basta con prender la televisión, o si se quiere llenar un poco más la dosis diaria compremos la nota roja. Con tantas noticias de estas al día la cosa ya no parece tan relevante. Pero ¿por qué la nota roja se vende tanto? Arturo Sánchez, periodista de nota roja y coeditor del periódico Metro, comenta en entrevista: “nos gusta la nota roja porque es la forma más simple y segura de estar frente a la muerte, y al mismo tiempo comprobar que seguimos vivos.”
Quien mata es un asesino*. Es señalado, acusado y encerrado. Si llegó más lejos, digamos que no mató a uno sino a varios, dependiendo el caso, se le aplica el castigo de la silla eléctrica o la inyección letal. Y esto porque matar es malo, es reprobable y condenable. Esto es cierto. La sociedad desde sus inicios se ha encargado de enseñarnos lo que se debe y no se debe hacer. La sociedad es necesaria. “Fue creada para aprovechar nuestros aspectos positivos de colaboración, altruismo e impulso vital”, explica Jesús Palacios, escritor y periodista español.
El ideal de Occidente es el bien. Nos hemos empeñado en seguir la teoría del “buen salvaje” de Rousseau y hemos dejado de lado la tendencia relativista de Voltaire o las oscuras advertencias de Sade. Pero ¿Es cierto que el hombre es bueno por naturaleza? Es bastante inocente creer que se puede vivir siempre en el bien. Es en este punto donde surgen los antihéroes de esta historia, personas que parecen normales y que un buen día (o malo más bien) nos sorprenden ante los medios, acusado de doble homicidio a sangre fría. Aquí entra Diego Santoy Riverol.
“El caso de Diego Santoy Riverol es interesante, primero, por la influencia mediática, y segundo, por su sordidez. El caso es raro y lo más importante es saber ver cómo lo toman los medios. Los medios pueden ensalzar a un criminal”, señala Arturo Sánchez. “La entrevista con Adela Micha fue en cualquier caso un linchamiento mediático. Es un ejemplo de lo que un periodista no puede y no debe hacer. No mantuvo distancia, juzgó frente a los medios (y no aportó nada nuevo, agrego yo). Ella más que conducirse como periodista fue más bien como juez, la manera como juega de tribunal y justicia por mano propia –es que Diego, no te creo ¿te das cuenta de lo que hiciste?, ¿estás arrepentido?, ¿pero, cómo pudiste?–.
La entrevista no debió haber ocurrido. Esta es una situación irregular, rara, anómala… el que un periodista pueda entrevistar a una persona sin ésta antes haber presentado una declaración, él no había sido consignado ni declarado ante un juez. Es claro que los medios por tener la exclusiva y subir rating interfirieron con el proceso. Este caso es histórico debido a que las diligencias se dan no en el juzgado sino en los medios de comunicación”.
Diego Santoy nos llama la atención porque tiene todos los ingredientes de un caso morboso. Estamos en la época en la cual el asesino en masa o en serie, el psychokiller, es ya una criatura de los medios de comunicación. Este se sirve de los medios y los medios de éste. Un crimen digno de entrar en la lista de los psychokillers mundialmente famosos no queda callado. Ahí estarán los escritores como Robert Bloch (Psicosis), Breat Easton Ellis (American Psycho) o Georges Bataille (El Verdadero Barba Azul), los directores cinematográficos Fritz Lang (M), Hitchcock (Psicosis), Sean S. Cunningham (Viernes 13), para hacer su crimen público. Ahí estará toda la audiencia para comprar el libro o para asistir a la sala de cine, dispuestos a deleitarse en las aventuras de su casi-héroe-moral, Hannibal Lecter.
Hoy por hoy hay un caso alterno de un asesino en serie en el municipio de Chimalhuacán que se cree que ha matado ya a diez mujeres. Pero ¿por qué no nos llama la atención (a nosotros y a los medios) tanto como el caso Diego Santoy siendo que sigue suelto y que tiene más víctimas? Porque Santoy es un tipo como tú y como yo, o al menos eso creíamos. Pero es capaz de llevar a la práctica cosas que apenas nos atrevemos a soñar en nuestras peores pesadillas. “Es más fácil creerle a un asesino en el cine que en una nota de periódico. Siempre que los entrevistan me parece que hay algo burdo en sus motivos. No se ven particularmente infelices: sus neurosis son iguales a las mías. Lloran con Bambi, se masturban de vez en cuando, se caen del pesero, se fletan las colas del banco. Las cajeras del Wal-mart los tratan igual de mal, quieren un auto del año y sacarse la lotería", dice Ira Franco, periodista. Y es cierto. Lo interesante del caso es lo inesperado, es la sorpresa. Es, como dijimos arriba, el antihéroe, “personas como usted, querido lector, y como yo. Sólo que en lugar de tomar el desayuno, ponerse el saco y viajar en metro, es muy posible que bajen al sótano y se dediquen a torturar a su tercera o cuarta víctima. O quizá tan sólo a jugar con los souvenirs que han sobrado tras la fiesta: restos humanos que devorar, conservar o utilizar como decoración”, escribe Juesús Palacios en su libro Psychokillers, anatomía del asesino en serie.
*La palabra asesino deriva de hashishin, consumidor de hachís, debido a que Hasán ibn Sabbah mandaba drogados a sus hombres (fanáticos asesinos) bajo el efecto del hachís. Hasan ibn Sabbah consiguió un enorme poder político basado en el asesinato y el terrorismo en Oriente Próximo en el siglo XII.
Nota de Arturo Sánchez: En una cosa coinicido con el espinito Hugo Chávez, Bush es el psychokiller non plus ultra.

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Ricardo Ham dijo
esa foto es espeluznante, supongo que se trata de una víctima del asesino de Chimalhuacan, en ella se pueden leer varias cosas, el hecho de q tape el rostro de la víctima, que siga vestida, q esté atada de manos enfrente, etc etc
4 Mayo 2006 | 11:17 PM