Florence Marie, en la ficha de la PGR.

El incidente cayó como una bomba y cimbró las estructuras judiciales, políticas y hasta diplomáticas de este país, pero sobre todo como boomerang contra los medios electrónicos de información.
Tan dura fue la presión, que el hecho tuvo las primeras repercusiones dentro de las empresas de televisión más influyentes de México: Televisa y TV Azteca, quienes el 13 de febrero hicieron pronunciamientos oficiales sobre el asunto para lavarse las manos. Incluso, un reportero fue despedido, quizá injustamente, solo para expiar culpas.
A partir de este escándalo, el marco ético del periodismo policiaco mexicano deberá ser revisado sin pretexto, pero antes de pasar al análisis, presento un resumen del caso.
En el año 2005, la ciudadana francesa Florence Marie Louise Cassez y su novio fueron detenidos en un rancho de la zona suburbana de Topilejo, en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, acusados de pertenecer a una banda de secuestradores apodada Los Zodiaco, y de tener privadas de su libertad a tres personas en esa propiedad.
La mañana del 9 de diciembre de ese año, los noticieros matutinos de televisión despertaron a los capitalinos con la espectacular incursión en vivo de un grupo de agentes de elite de la Agencia Federal de Investigación (Policía Federal) armados hasta los dientes y con el rostro cubierto, a la casa de seguridad de los supuestos plagiarios.
Durante el frenético tránsito de imágenes y el accidentado reporte de los periodistas en el lugar de los hechos, se mezclaron también imágenes de las armas incautadas, las víctimas rescatadas y hasta entrevistas in situ con los presuntos delincuentes ya sometidos, entre ellos la francesa Florence Marie, de 30 años, quien no se cansó de asegurar que ella no tuvo nada qué ver y que había sido detenida desde el día anterior (8 de diciembre), afirmación que ya comenzaba a resultar extraña.
La realidad fue que el operativo de la Agencia Federal había sido montado especialmente para los reporteros, fotógrafos y camarógrafos que previamente fueron convocados por las autoridades para cubrir la nota. Este dato no era nuevo, pero salió a la luz el 11 de febrero luego de las quejas promovidas por los abogados defensores de la francesa y por sus padres desde París, quienes --de manera inteligente-- tratan de desvirtuar las acusaciones de la PGR contra la francesa argumentando que así como el operativo fue un montaje para los medios de comunicación, el resto del escenario, las pruebas y los delitos serían igualmente prefabricados.
Desde el punto de vista legal, el alegato del montaje aparentemente no tiene valor jurídico dentro del proceso penal contra Florence Marie, sin embargo siembra una duda razonable sobre la seriedad con que se conduce una autoridad como la Procuraduría General de la República (Fiscalía General), el Ministerio Público y demás funcionarios obligados a respetar y hacer respetar las leyes vigentes y el estado de derecho. ¿Podrá, luego de esto, sostener la PGR su caso ante el juez?
Genaro García Luna, director de la AFI, lo admitió públicamente: el operativo se reconstruyó para los medios "a petición de ellos". Pero la reacción de las empresas Televisa y TV Azteca fue la misma: negaron categóricamente el señalamiento.
El 13 de febrero, en los noticiarios matutinos conducidos por Carlos Loret de Mola y Sergio Vicke, respectivamente, los comunicadores informaron al público la postura oficial de las empresas para las que laboran: los reporteros que cubrieron el operativo, Pablo Reinah (premio nacional de periodismo) y Ana María Gámez (quien incluso fue entrevistada al aire por su colega), -- palabras más, palabras menos-- "ignoraban" que el operativo fuera un montaje y los conductores dejaron claro que ambas empresas nunca se prestarían para participar en un "engaño" de esa naturaleza.
Bueno, esas son las versiones oficiales y contradictorias de la PGR, Televisa y TV Azteca, sin embargo quienes trabajamos en el medio periodístico mexicano sabemos que desde siempre ha sido una práctica común de las autoridades recrear situaciones y montar escenas de acción a petición expresa de los periodistas y nunca nadie cuestionó la validez de esta práctica ni sus implicaciones...hasta hoy. (Solo recordemos el popular programa policiaco de Televisa Fuera de la Ley -luego Duro y Directo-, ya fuera del aire, que vivía básicamente de recreaciones y conflictos provocados artificialmente, sin mencionar a los Reality Shows).
El mismo 13 de febrero, el reportero Pablo Reinah, de Televisa, dejó de prestar sus servicios en Televisa y su colega de TV Azteca se salvó, casi de milagro, de correr la misma suerte, ya que cuentan que ambos periodistas, como el resto de los que estuvieron presentes en el lugar de los hechos, tanto de radio como de prensa escrita, supieron en todo momento que el operativo era eso, una simulación.
El mismo día de su despido, el reportero Pablo Reinah Martínez envió una carta a varios medios de comunicación en donde afirma haber sido sorprendido por la AFI:
"Rechazo categóricamente haber tenido conocimiento o haber sido avisado de que ese operativo era una recreación".
"En ningún momento solapé, coordiné o gestioné ninguna acción que tuviera que ver con el desempeño de los elementos de la AFI".
"No aceptó, ni acepté, ni aceptaré, haberme prestado aun montaje".
"Yo, al igual que la ciudadanía y los medios, fui sorprendido por las autoridades de la AFI, que ahora pretenden hacernos creer que un reportero puede ordenarles cómo y cuándo hacer su trabajo; que un reportero tiene la capacidad de movilizar a sus elementos, en lo que desde mi punto de vista es un caso que protege intereses lejanos todavía a mi entendimiento".
Sin duda, el incidente afectó la de por sí menguada credibilidad de la prensa mexicana, pero confío en que siente un precedente para abordar problemas similares en el futuro y afinar los detalles éticos del ejercicio periodístico, sobre todo en fuentes tan delicadas como la procuración de justicia, la seguridad pública y los derechos humanos.
El periodista trabaja y vive de su credibilidad, pero una vez perdida nunca se recupera. Con sanciones y disculpas no se remedia el daño hecho. La pelea por el raiting entre las televisoras y la carrera desenfrenada por conseguir las imágenes más impactantes ¿hará que otro reportero participe en un montaje similar o que su jefe se lo pida expresamente?
Como primer paso, la televisión podría replicar un sencillo procedimiento seguido por cadenas de televisión en Estados Unidos que cuidan de aclararle al público cuando un "footage" es actuado al añadir la leyenda "recreation", pero ¿acaso esto será suficiente para delimitar la tenue frontera entre la ficción y la realidad re-presentada por los medios?
D.R. 2006 Arturo Sánchez