En 1998, el entonces presidente mexicano Ernesto Zedillo acusó a través de un discurso -en un acto de censura tácita- a los programas televisivos “Fuera de la Ley”, de Televisa, y “Ciudad Desnuda”, de TV Azteca, de hacer apología de la violencia.
Los empresarios de la televisión tomaron decisiones: de ambas emisiones, la de mayor rating, fue retirada del aire, y la otra cambió de nombre y dejó de mostrar cadáveres completos y sangre en sus imágenes, pero la realidad criminógena del Distrito Federal y del resto del País no disminuyó.
El absurdo hecho de negar la existencia de la criminalidad galopante y despiadada, no la hizo desaparecer y lo único que el incidente puso en evidencia, por un lado, fue la frivolidad de Ernesto Zedillo al preocuparse más por la imagen del País en el extranjero --fue la época en que el norteamericano John Peter Zárate fue asaltado y asesinado a bordo de un taxi-- , y por otro, la incapacidad de su gobierno para combatir el problema real y de fondo que dio pie a su infame y cosmético discurso.
El Presidente se lavaba las manos en el tema de la delincuencia y la inseguridad, y le pasaba la factura a los medios de comunicación.

*La nota roja no es un espectáculo, sino una realidad intrínseca de ciudades como el DF.

*El derecho a la información no es privativa de los periodistas ni de los dueños de los medios, sino también de los lectores y los televidentes que tienen la capacidad libre y conciente de decidir qué producto informativo desean consumir.

*Las imágenes son indispensables para la prensa y la televisión, no hay necesidad de censurarlas, pero puede trabajarse en la forma en que éstas se presentan y la calidad de la información que las acompaña.

D.R. 2006 Arturo Sánchez