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Terra
La Coctelera

Categoría: Reporteros

Literatura del narco (Corregido y aumentado)

Decomiso de arsenal en Guatemala el 25 de marzo de este año y captura de Daniel Pérez Rojas, alias El Cachetes, presunto líder de Los Zetas en esa plaza.

A continuación y por petición popular, algunas recomendaciones de libros que abordan, ya sea de manera ficticia o periodística, el tema del narcotráfico. El número de títulos sobre este asunto crece a diario, por lo que esta lista no pretende ser absoluta, sólo menciona algunos que ya son clásicos y otros que son esenciales.

Sobre el narcotráfico en México hay que remitirse a 4 libros escritos por Ricardo Ravelo, reportero veterano de la revista Proceso, editados por Plaza y Janés: Los capos: Las Narco Rutas de México (la mutación del narcotráfico rural al empresarial); Los Narcoabogados (el título lo dice todo); Crónicas de Sangre (sobre los Zetas, ex militares de elite convertidos en operadores y gatilleros del narco); y La Herencia Maldita (el narco, la piedra en el zapato de todos los presidentes).

De igual forma hay que revisar los libros de Jesús Blancornelas, legendario periodista mexicano que sobrevivió a un atentado del cartel de los Arellano Félix: El Cartel; y En Estado de Alerta: Periodistas y Gobierno frente al Narcotráfico.

Dos libros bastante nuevos son Con la muerte en el bolsillo / Seis desaforadas historias del narcotráfico en México, de los periodistas María Idalia Gómez y Darío Fritz (no ficción); y La reina del Pacífico y otras mujeres del narco, del periodista Víctor Ronquillo (ficción basada en hechos reales), así como Sicario, diario del diablo, de Ediciones B., ficción, del mismo autor, recién salido de las prensas, pero no lo hemos leído, así que si alguien ya lo hizo, díganos qué les pareció.

También coloco aquí mismo un enlace directo a las reseñas ya publicadas en este blog sobre las novelas La Reina del Sur, del español Arturo Pérez Reverte; y El Amante de Janis Joplin, de Elmer Mendoza; así como La Virgen de los Sicarios, del colombiano-mexicano Fernando Vallejo.

Unas palabras del Niño Metinides

De testigos a protagonistas

Durante su trabajo cotidiano, muchos periodistas se topan con la disyuntiva, con la necesidad moral, con el instinto, de intervenir en los hechos que cubren, principalmente en aquellos donde está presente la desgracia humana. La resolución del conflicto está en el criterio del periodista y se trata de una decisión libre e individual que no tiene nada que ver con la ética profesional. Ejemplos existen muchos. Aquí presentamos dos pequeños casos de fotorreporteros mexicanos que cruzaron la línea del deber y pasaron de testigos a protagonistas de la noticia: uno de ellos, Enrique Metinides, el decano del fotoperiodismo mexicano.

Junto a un socorrista de la Cruz Roja, Enrique Metinides carga a un niño herido hacia una ambulancia luego de un accidente vehicular ocurrido en la Ciudad de México en 1972.

El fotógrafo Martín Urista (playera roja) arriesgó la vida al rescatar a un niño que segundos se ahogaba en la presa Sanalona.

"Cuando vi que se ahogaba, pensé ahorita llegan rápido a ayudarlo y yo tomo la foto del rescate, pero tardaron y miré que se hundió y ya no salió mientras su madre lloraba desesperada sin poder ayudarlo, no pude con eso y dejé mi cámara y me aventé con todo y zapatos, y lo pude salvar gracias a dios, su mamá me estuvo agradeciendo en todo momento", relató Martin Urista Morales, reportero gráfico del diario El Debate de Sinaloa, luego de salvar a un niño que se ahogaba en la Presa Sanalona de Culiacán, Sinaloa, el 23 de marzo de este año.
Esta mención viene al caso por la polémica del papel del periodista frente a los hechos que cubre y que fue desatada por la fotografía del buitre acechando a un niño africano agonizante hecha por el difunto fotorreportero Kevin Carter, cuya historia narramos en Nota Roja: "El buitre y el fotógrafo" e "Informar ante todo, incluso ante un niño muriendo".
El periodista convertido en rescatista fue blanco en años anteriores de amenazas y agresiones por dar testimonio con su trabajo de abusos y delitos cometidos por agentes de la autoridad en su estado.

La canción del verdugo

El lunes 19 de julio de 1976, en la tranquila comunidad mormona de Orem, Utah, Estados Unidos, Gary Gilmore, un ladrón pendenciero y ex presidiario que gozaba de libertad condicional, robó al encargado de una gasolinera, lo obligó a tirarse al piso y lo ejecutó de dos tiros en la cabeza. Al día siguiente, Gilmore robó al encargado de un motel en Provo, y también lo asesinó de un balazo en la cabeza. Ambos hombres habían acatado las órdenes del ladrón, aún así, éste los mató. Gilmore fue detenido, enjuiciado y condenado a la pena de muerte por fusilamiento.

Gary Gilmore (Corbis)

En su libro “La canción del verdugo” (The executioner’s song, 1979), el periodista Norman Mailer (1923-2007) se sumerge en la historia de este crimen absurdo y atroz, similar en impacto y circunstancias al ocurrido en Holcomb, Kansas, y que fue tomado por Truman Capote como tema del famoso libro A Sangre Fría.
El caso de Gary Gilmore es particular, ya que se trata de la primera condena a muerte luego de que la Suprema Corte de Justicia de EU reimplantara la pena capital, y porque Gilmore saltó a la fama no tanto por los crímenes que cometió, sino porque jamás apeló la sentencia ni usó ninguno de los recursos que la ley le otorgaba para revocar la condena o conmutarla en cadena perpetua: “quiero que me ejecuten, esa es mi condena y ese esa es mi voluntad, no me torturen más”, sostenía Gilmore. Y sin embargo su caso fue tomado como estandarte por grupos opositores a la pena de muerte a los que Gilmore rechazaba, y peor aún, sus abogados defensores en teoría debían apelar la sentencia y trabajar para que su cliente no fuera ejecutado, sin embargo y paradójicamente Gilmore les exigía --y era su derecho-- a hacer todo lo contrario, es decir, garantizar que la ejecución se cumpliera sin dilación.
El gran reportaje de Mailer, además de presentar todas las discusiones legales, siquiátricas e incluso filosóficas que ocurren durante el proceso penal, muestra al ser humano, al hijo, al poeta, al romántico e inteligente Gilmore, además de la historia paralela de Nicole Baker, pareja de Gary, ejemplo del amor más extremo, apasionado y cinematográfico.
Mailer usa todas las fuentes a su alcance para darle a la historia el rigor periodístico que el tema requería y se aleja totalmente del texto al redactarlo en tercera persona.
Entrevistas con familiares, amigos, autoridades y gente cercana al proceso y al inculpado, archivos documentales, expedientes judiciales, hemerografía y cartas escritas por los mismos protagonistas fueron suficientes para completar el retrato de Gary Gilmore a pesar de que Mailer nunca habló personalmente con el personaje central de la historia.
Como la mayoría de las "non-fiction novels" que nacen o se inspiran en la olvidada nota roja de los diarios, La canción del verdugo tiene la virtud de que además de ofrecer cierta dosis de goce estético al lector, describe un caso particular y señala cómo afecta en el plano general, le da contexto, desmenuza y analiza con rigor y balance los antecedentes, los móviles, las implicaciones y logra también una crítica social dentro de su propia interpretación de los hechos narrados.
Mis ejemplos favoritos de grandes obras del periodismo policiaco son "Into the wild" (Hacia rutas salvajes), de Jon Krakauer; Felices como asesinos (Happy like murderers), de Gordon Burn; y Operación masacre, de Rodolfo Walsh.

Normal Mailer (AFP)

El escritor Norman Mailer, dos veces ganador del premio Pulitzer, murió ayer por enfemedad renal en un hospital de Nueva York. Tenía 84 años.

El buitre y el fotógrafo

Foto Kevin Carter/Corbis Sygma.
Un buitre parece acechar a una niña casi muerta de hambre en un campamento para desplazados en Ayod, Sudán, África, en marzo de 1993.
Esta fotografía fue publicada por vez primera en la portada del New York Times el 26 de marzo de 1993, pero le valió en 1994 el premio Pulitzer de fotografía a su autor, el sudafricano Kevin Carter.
La imagen le significó a Carter reconocimiento, pero también críticas que, junto con la muerte en acción de su mejor amigo, el fotógrafo Ken Oosterbroek, y su adicción a las drogas y al alcohol, lo sumieron enla depresión. Poco después de recibir su premio en Nueva York, Kevin Carter se suicidió el 27 de julio de 1994, en Sudáfrica, inahlando el gas del escape de su auto que había conectado a una ventanilla. Tenía 34 años.
Cuando le preguntaban a Kevin qué había hecho para ayudar a la niña siempre respondía lo mismo, la verdad: nada, me di la vuelta y me fui, no sé qué pasó con la niña. Y quizá esa verdad, no la de su vida ni sus decisiones como periodista, sino la verdad de la niña hambrienta magnificada en sus pesadillas alucinógenas, terminó aniquilándolo. Sin poder regresar el tiempo y retornar a Sudán para saber de la niña, de pronto se sintió transfigurado en ella y decidió que lo mejor era terminar como seguramente esa pequeña acabó: muriendo. Kevin no tuvo dudas al oprimir el obturador de su cámara frente a la imagen que estaba seguro era de primera plana, pero titubeó frente a sí mismo, frente a su integridad como fotoperiodista y a la defensa de su trabajo cuando fue cuestionado por la frialidad desdeñosa durante y después del click en su cámara. Hubo quien dijo que el buitre era la metáfora del hombre detrás de la lente. Pero, honestamente, ¿qué pudo haber hecho Kevin por esa niña?, hizo lo que tenía que hacer: tomar la foto. Conciente del valor de su contenido, Kevin sabía que lo mejor que podría ocurrir era que la fotografía fuese publicada. ¿Egolatría, mercantilismo, insensibilidad? Simplemente periodismo. Era la realidad africana sintetizada en una sola fotografía. Ante esa niña y ese buitre, Kevin fue tan congruente y luego tan contradictorio --en el sentido de la flaqueza, la debilidad y la inseguridad que jamás demostró cubriendo conflictos armados y con las balas zumbándole en el oído--. Incapaz de remediar el vacío y los absurdos de su vida personal, terminó desbarrancado con todo y su gran ojo de fotoperiodista consagrado.

La carta póstuma es brutal, la de un hombre atormentado:
"depressed . . . without phone . . . money for rent . . . money for child support . . . money for debts . . . money!!! . . . I am haunted by the vivid memories of killings & corpses & anger & pain . . . of starving or wounded children, of trigger-happy madmen, often police, of killer executioners . . . " "I have gone to join Ken if I am that lucky."


Kevin Carter se arrodilla durante un enfrentamiento entre miembros de grupos políticos antagónicos en Alexander, Sandton, Sudáfrica. Un hombre detrás de él usa la tapa de un bote para protegerse. Kevin se "escuda" con su cámara. Foto de Guy Adams

Kevin pertenecía al autonombrado y respetado club de cuatro amigos y fotoperiodistas "The bang bang club" que literalmente trabajaba entre las balas cubriendo la noticia diaria en una Sudáfrica convulsa que peleaba contra el racismo y el apartheid en los años 80 y 90, pero donde partidos y facciones se confrontaban de manera violenta para ganar poder en el país. Todos habían recibido premios por fotos impactantes: linchamientos, ejecuciones... eran tipos duros y curtidos retratando la sangrienta historia de su país.
Marinovich, con un tiro en el pecho, es ayudado por el veterano fotógrafo de guerra James Natchwey, mientras atrás Silva retrata a su amigo Oosterbrok, quien agoniza por una balazo en la cabeza en manos del fotógrafo Gary Bernard y de un guardia militar el 18 de abril de 1994.

Kevin Carter (muerto), Ken Oosterbroek (muerto), Greg Marinovich (atravesado por una bala en el tiroteo donde murió Ken) y Joao Silva. Los únicos dos sobrevivientes del club, afectados también por esa espiral de tragedias de la que habían sido copartícipes, se alejaron del fotoperiodismo, uno de ellos está retirado y el otro hace fotos publicitarias. Silva y Marinovich publicaron el libro "The bang bang club", donde detallan la historia de este cuarteto de hombres que decidió vivir al extremo y pagó las consencuencias por ello.

Otra toma hecha por Joao Silva de su colega Ken Oosterbroek herido de muerte en un tiroteo mientras su amigo Kevin Carter era entrevistado en otro lugar sobre el premio Pulitzer que acababa de recibir por la foto del buitre y la niña sudanesa. Kevin nunca se lo perdonaría: "La bala que mató a Ken debió ser para mí".

Reportaje amplio en inglés publicado por un diario sudafricano puede ser consultado aquí.

Imágenes tomadas de digitalfilmmaker.net

Reporteros nocturnos

El colega Iván nos envía una probadita en video sobre el trabajo que realizan los fotógrafos de la fuente policiaca por las noches en la Ciudad de México. Click sobre la foto para ir al video:


Foto: El Master

Novela negra, Dashiell Hammett y Rodolfo Walsh

La semana pasada, el mexicano Juan Hernández Luna (Ciudad de México, 1962) recibió en Madrid, España, el Premio Dashiell Hammett a la mejor novela policiaca por su libro "Cadáver de ciudad", otorgado por la Asociación Internacional de Escritores Policiacos (AIEP) en el marco de la Semana Negra de Gijón. En 1997, Hernández Luna ya había merecido el mismo premio por la novela "Tabaco para el puma". "Cadáver de ciudad" está publicado en Ediciones B.
Además fue entregado el premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción al cubano Amir Valle por su libro "Jineteras", trabajo descrito como "un retrato del mundo de la prostitución en La Habana contado por sus protagonistas". "Jineteras" es una "valiente denuncia alejada de cualquier tipo de manipulación propagandística", señaló el fallo. Habrá que leerlo.
La Semana Negra también galardonó la novela "La aguja en el pajar", del argentino Ernesto Mallo, con el Premio Silverio Cañada a la mejor primera primer novela en español, que compartió con el español Antonio Jiménez Barca, autor de "Deudas pendientes".
Para quienes no lo sepan, Dashiell Hammet fue un escritor estadounidense, autor de libros sobre detectives y cuentos, padre del detective Sam Spade, protagonista de su novela más famosa, hecha también película, El halcón maltés (The maltese falcon), publicada en 1930.
El premio a la mejor novela de no ficción en la Semana Negra lleva el nombre de Rodolfo Walsh y tomo este hecho como pretexto para recordar a este periodista y escritor argentino.
Walsh es el autor de "Operación masacre", una de las más importantes novelas de no ficción, aunque no tan popular como "A sangre fría" (In cold blood, de Truman Capote), que me interesa rescatar por su trascendencia para el periodismo y la historia latinoamericanos, y también por el destino del propio Walsh. Su gran reportaje "Operación masacre" se publicó en 1957, casi 10 años antes que la obra cumbre del "New Journalism" o nuevo periodismo norteamericano.
"Operación masacre" reconstruye la matanza cometida por militares argentinos de un grupo de civiles acusados de subversión. Primero se publicó en forma de notas en el diario Mayoría y luego como volumen.
Irónicamente, Walsh fue secuestrado y asesinado en 1977 durante la dictadura argentina instaurada por Jorge Rafael Videla en 1976.
El nombre de Rodolfo Walsh integra desde el 25 de marzo de 1977 la larga lista de desaparecidos. Su "Carta abierta de un escritor a la junta militar" se incluye como apéndice en el libro (fechada un día antes de su desaparición) y fue su última palabra pública.
En este sitio que me ha recomendado el generoso maestro Memo Vega se pueden descargar libremente "Operación masacre" y otras obras de Rodolfo Walsh, así como conocer más acerca de su vida; hay audios, videos, artículos, además de una biblioteca virtual de acceso libre sobre literatura, política, sicología, filosofía, marxismo, y obviamente todos los autores argentinos.

Con información de AFP

El cadáver del reportero Bill Stewart

El cuerpo del periodista Bill Stewart, corresponsal de la cadena de noticias ABC, es extraído de una furgoneta por sus compañeros luego de haber sido arrodillado, pateado y ejecutado de un tiro en la nuca por un soldado de la guardia nacional somocista el 20 de junio de 1979. Lugar: entrada del hotel Intercontinental en Managua, Nicargua.
La imagen se relaciona con el artículo El asesinato de Bill Stewart, publicado hace unas semanas en NotaRoja.
Sirva también como homenaje para los periodistas caídos en acción.
Recomiendo visitar la breve, pero espléndida fotogalería "Una noche afuera", sobre la revolución sandinista, de Pedro Valtierra, multipremiado fotoperiodista mexicano.
Agradezco la gentileza del editor Germán Romero y la cortesía del fotógrafo Pedro Valtierra.