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La Coctelera

Categoría: Poquianchis

El cadáver de María Luisa, La Poquianchis

Por Enrique Morán

La sensacional historia de Las Poquianchis tuvo un triste final para las hermanas González Valenzuela, quienes luego de ser capturadas y acusadas de lenocinio y homicidio, acabaron sus días ancianas, enfermas y en condiciones miserables dentro de la cárcel.

El 21 de noviembre de 1984, la Revista Alarma publicó la muerte de María Luisa González Valenzuela, también conocida como Eva La Piernuda, quien fue hallada sin vida en su celda de la prisión municipal de Irapuato, Guanajuato, víctima de la indolencia social y gubernamental.
Tal y como lo dio a conocer en su momento la corresponsal Juana Flores Velasco, María Luisa González Valenzuela, de 85 años de edad, murió de un cáncer hepático y úlcera duodenal, de acuerdo al dictamen del servicio médico forense.
Aparentemente los últimos minutos de su vida, “Eva” los pasó sola, pues su cuerpo presentaba golpes de supuestas caídas y se presume que trató de arrastrarse para pedir ayuda. La mujer no era visitada por nadie, pues sus mismas compañeras reclusas sabían que La Poquianchis
era una persona irritable.
Maria Luisa, al igual que sus hermanas, purgaba una pena de cuarenta años de prisión por los cargos de lenocinio, secuestro y homicidio calificado, pero la edad, las enfermedades y una defensa inexistente, no les permitieron salir con vida de la cárcel. Murió sola, sin recibir atención médica especializada y sin la asesoría legal que le pudo haber permitido gozar de una libertad anticipada debido a su edad avanzada, estado de salud y buena conducta.

La celda de Maria Luisa era un pequeño espacio donde sólo había trapos sucios, restos de comida echada a perder y algunos trastes viejos. La inmundicia de su morada contrastaba con los lujos que tuvo cuando administraba con sus hermanas los exitosos prostíbulos que las hicieron famosas en el Bajío y tras lo cual se convirtieron en blanco del escarnio colectivo.
Se documentó que al sepelio de María Luisa, La Poquianchis, acudieron sólo dos personas: su cuñado y una sobrina. Su cuerpo fue enterrado en una modesta fosa de un panteón en Irapuato.

Fotos: Revista Alarma

Las Poquianchis, una historia del capitalismo salvaje (ACTUALIZADO)

Las hermanas Delfina, María de Jesús y María Luisa "Eva" González Valenzuela, Las Poquianchis, eran lenonas, proxenetas, empresarias del sexo, socias en el negocio de la prostitución a gran escala, explotadoras que lucraban con el apetito sexual masculino y que por su éxito comercial llegaron a tener hasta sucursales de su burdel. Las Poquianchis no son asesinas seriales, de hecho jamás mataron, otras mujeres y hombres asesinaron por ellas. Delincuentes de cuello blanco, estas mujeres jamás se mancharon de sangre, se condujeron siempre como las patronas que eran, las dueñas del negocio. La mayoría de las mujeres regenteadas por estas madrotas vestidas de luto eterno, murió por enfermedades desatendidas, complicaciones por abortos y, en menor medida, por homicidio intencional. En todo caso, las manos de estas mujeres se ensuciaron con la mugre de los billetes que contaban una y otra vez al final de la jornada laboral y de donde pagaban sueldos de hambre, literalmente, a sus empleadas-esclavas, y a otras, si acaso, con vales internos como en una tienda de raya. Era indispensable que la mente criminal-comercial de las Poquianchis deshumanizara a las prostitutas, la mayoría mujeres necesitadas, ignorantes o muy jóvenes, pobres e ingenuas, vendidas por sus madres y padres (o debemos decir padrotes y madrotas), obligadas, forzadas, violadas o convencidas para alquilar sus cuerpos en cuartos-mazmorras a los clientes de los lupanares. Las deshumanizaron para poder desecharlas sin sentir remordimiento, como basura, cuando se enfermaron y dejaron de ser útiles, cuando ya no generaron ganancias. Las "despidieron" como se pudo. Autoridades, policías, funcionarios de los gobiernos locales y estatales siempre supieron de su existencia y colaboraron siempre con ellas. Formaron alianzas, tomaron acuerdos. Política y delito, esa fórmula inseparable. Les otorgaron los permisos y licencias para que sus prostíbulos operaran sin problema, claro que eso costaba, pero siempre hubo buen arreglo para ambas partes, como todo en México. Pero cuando el "casero" elevó las rentas y las cuotas de la extorsión disfrazada de legalidad, las inquilinas se inconformaron, dejaron de pagar, vino el desacuerdo,entonces las relaciones se rompieron, les cobraron a lo chino, comenzaron los operativos, las razzias, la persecución de las autoridades que antes les permitían todo y se hacían guaje, pero con la cartera bien llena. El gobierno fue cómplice y beneficiario: todas las putas tenían su carnet de control de Salubridad, sin excepción. La revisión médica era regular. Estaban en el padrón oficial de putas del Estado. Los sellos de las dependencias y las firmas de los jefes y supervisores lo comprueban. Ahí están los documentos. Todo en orden. La mayoría de las prostitutas se quedaron por gusto, pero querían cobrar más. Los patos le tiraron a las escopetas y ahí fue donde se amoló la cosa. Conflictos y crisis internas y externas acabaron por colapsar el otrora próspero imperio sexual de Las Poquianchis. La bomba reventó. Tras su arresto, estas "gitanas" que iban de pueblo en pueblo llevándole placer a los hombres, fueron blanco del linchamiento social y difamadas, pero gracias a ellas quedó al descubierto la extensa y cotidiana cadena de extorsiones, chantajes, complicidades y corruptelas de las autoridades civiles y policiacas mexicanas en los lugares donde operaban. Además nos recordaron la hipocresía de la sociedad provinciana que, a la vez que reprueba la prostitución y el adulterio, la promueve y lo tolera. Generaban riqueza y empleos en donde se instalaban, y fueron mina de oro y socias estratégicas para funcionarios públicos, políticos, jefes policiacos y hasta militares que después de transar con ellas y ser clientes asiduos de sus locales, les dieron la espalda cuando la orden de detenerlas -caiga quien caiga- llegó desde las más altas esferas del poder en la Ciudad de México. Sobre las Poquianchis se filmó la película del mismo nombre, de Felipe Cazals, y el tema sirvió de inspiración a escritores como Jorge Ibargüengoitia con su deliciosa novela "Las Muertas", así como a periodistas como Elisa Robledo, quien escribió el libro de no ficción "Por Dios que así fue", un verdadero testimonio, ya que pudo entrevistar a María de Jesús en la cárcel y reproduce documentos y fotos que en su momento sólo la revista Alarma difundió. Comparto con quienes quieran ahondar en el tema de Las Poquianchis este artículo que el periodista Enrique Morán redactó con información del banco de datos de la revista Alarma que, debemos admitir, fue el medio que destapó el caso y le dio la mejor cobertura en la década de los años 60. Click sobre el texto para ir al documento.

A continuación, dos portadas más de la revista Alarma! sobre el caso:

Revista Alarma!..la historia

"Alarma, alármala de tos,
uno, dos, tres, patada y coz."
......Botellita de Jerez


Violóla, matóla y sepultóla...

Por Enrique Morán

Quiero hacer un pequeño homenaje a la revista más representativa de la nota roja en México. Me refiero a Alarma!, que esta semana cumple 15 años de vida en su nueva era.

La historia de la revista Alarma! se remonta al inicio de la década de los años sesenta, cuando la empresa Publicaciones Llergo decidió iniciar un proyecto periodístico, un sueño que de pronto se convirtió en realidad.

Alarma! fue ideada por el maestro periodista Carlos Samayoa Lizárraga, quien apoyado por un pequeño equipo de trabajo, donde resaltaba el reportero Jesús Sánchez Hermosillo, dieron cara y forma a esta revista.

Samayoa es el creador de la legendaria frase "Matóla, violóla y encostalóla", que ha sido utilizada hasta en canciones.

El logotipo o cabezal de la revista fue creado en letras que daban la apariencia de haber sido pintadas con un dedo manchado de sangre y el sello característico que prevalece hasta la actualidad es su inconfundible signo de admiración que solamente se pone al final de la palabra.

Otra marca característica fueron sus tradicionales colores negro y amarillo.

Muchos expertos y estudiosos del tema han tratado de descifrar el enigma de esta mezcla de colores, algunos han dicho que al igual que las señalizaciones de tránsito, el negro y amarillo daban una sensación de alerta a la persona que los veía, de hecho, en los muestrarios de las pinturas industriales existe la nomenclatura "amarillo precaución".

Pero curiosamente yo tuve la fortuna de platicar con el ya fallecido Don Carlos Samayoa, y ante esta inquietud del por qué de los colores de Alarma!, el hombre, que se caracterizaba por ser bonachón, pero muy agudo en sus comentarios, simplemente dijo en tono jocoso que "el negro y amarillo eran las tintas más baratas que se podían comprar en el mercado de las artes gráficas".

Nunca supe si ese comentario fue broma o una verdad que tiró por la borda todas las explicaciones de los expertos.

Alarma! apareció por primera vez en los puestos de revistas el 17 de abril de 1963. En su portaba se publicó la nota de una popular vedette de los años 60 que fue encarcelada por un supuesto fraude con casimires que ella comerciaba.

Alarma! poco a poco empezó a ganarse el gusto de los lectores, las ventas subieron rápidamente, sin embargo se presentó un caso policiaco que marcó de manera definitiva el rumbo de esta revista: Las Poquianchis.

El trabajo informativo del corresponsal de Alarma! en Guanajuato y el olfato periodístico de Don Carlos Samayoa cuajaron un gran reportaje que le fue encomendado a Jesús Sánchez Hermosillo.

El reportero se trasladó hasta San Francisco del Rincón, Guanajuato, donde hizo un exhaustivo trabajo de investigación durante varios meses que culminó con la entrevista de Las Poquianchis, quienes de manera exclusiva contaron a Alarma! su macabra historia.

Semana a semana los lectores quedaron cautivados con los impresionantes relatos de las multihomicidas y estuvieron atentos al avance del proceso penal de las detenidas.

El éxito fue tal que las ventas de Alarma! subieron hasta las nubes, pues llegaron a marcar una cifra récord de 2 millones de ejemplares vendidos a la semana.

A partir de ese parteaguas, Alarma! se vendió como pan caliente semana con semana en todos los rincones de la República Mexicana y con el paso del tiempo, la fama de la revista traspasó las fronteras de México.

Fue tal su éxito que se empezó a distribuir en el sur de Estados Unidos y luego en todas las ciudades de alta concentración de hispanos en el vecino país del norte.

La fama de Alarma! pronto llegó al viejo continente, pues circulaba en algunos países de Europa, como Francia, Holanda y Bélgica, incluso algunos ejemplares se distribuyen en Japón.

Debido a cuestiones ajenas a su contenido editorial, la revista Alarma! fue sacada de circulación por el gobierno en la era de Miguel de la Madrid. Alarma! se dejó de editar del año de 1986 hasta 1991.

Por espacio de 5 años Alarma! estuvo ausente del mercado, y en ese período salieron muchas imitaciones, revistas que intentaron llenar el hueco dejado por la hasta entonces reina de las revistas de nota roja.

Publicaciones como Alerta, Custodia, El Arma, Angustia, Injusticia, Enlace Policiaco o Peligro, intentaron ocupar el trono dejado por Alarma!, muchas imitaron su logotipo o tomaron sus colores amarillo y negro para intentar atraer al lector, pero con modestos resultados.

Con la reaparición de Alarma! en 1991, se inició una lucha contra sus imitadoras y al recuperar a sus lectores, las otras revistas tuvieron que desaparecer.

Debido a cuestiones legales con el encabezado y un problema entre socios fue que Alarma! en su nueva era tuvo que ser bautizada como El Nuevo Alarma!, título que hasta la fecha ostenta.

A lo largo de su historia, Alarma! ha pasado por las manos de varios directores. En la actualidad la revista es dirigida por Miguel Ángel Rodríguez Vázquez, quien curiosamente fue pupilo de Carlos Samayoa, de quien aprendió algunos secretos, por lo que la esencia de Alarma! sigue viva hasta la fecha.

Salud por los compas de Alarma!