El Presidente de México ha decidido quemar el cartucho que suelen disparar en caso de emergencia todos los presidentes, tanto del PRI como del PAN, para capotear la violencia rampante que padecen los mexicanos: echarle la culpa a la prensa de los problemas que él no sabe o no quiere, pero que por mandato de ley está obligado a resolver.
Calderón, como cada presidente en turno, ya usó la tribuna de un evento oficial para acusar que los periodistas son los culpables de las barbaridades de los narcotraficantes y de paso sugiere que los medios de información deberían dejar de ser espejos, heraldos, de la sangrienta y terrorífica realidad mexicana, y que hablen de lo bonito, lo seguro, lo justo, lo culto y lo honesto que es México, como la línea que le tira a los embajadores.
El asunto no es menor, dado que el grado de la percepción, real o subjetiva, de la inseguridad interna es inversamente proporcional a la inversión extranjera. Se agrega el componente económico, de dinero pues, que es lo que le interesa al presidente. Es decir, Calderón le está pidiendo a la prensa mexicana que oculte las montañas cadáveres y le mienta a los extranjeros para beneficiar México y a sus habitantes, a pesar de que los únicos que se benefician actualmente son los políticos, los gobernantes y sus incondicionales empresarios.
Tremendo caradura y gilipollas demuestra ser este inepto abogado por pretender tapar el sol con un dedo. Su reacción es como el clásico arrebato infantil que consiste en cubrirse los ojos o los oídos para aislarse del entorno y no enterarse de algo o alguien que lo interpela.
Pero hoy sí se voló la barda retando a proponer soluciones a quienes critican la guerra contra el narco y la ineficacia del gobierno de derecha nauseabunda que él encabeza.
Muchas veces, muchas personas y grupos han insistido hasta el cansancio en que el remedio inmediato a los problemas derivados del tráfico ilegal de narcóticos es su liberalización parcial y controlada por el Estado mismo, arrebatarle el negocio a los narcos y administrarlo y gravarlo en beneficio del país y su desarrollo. Lo han dicho Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y 1 millón de personas y organizaciones más de todas nacionalidades y especialidades en diferentes momentos, pero en similares situaciones.
Testarudo o cobarde debe ser alguien para no asumir su responsabilidad histórica en un momento coyuntural como el que atraviesa México, por eso a Calderón le calza bien la máxima de "no hay peor ciego que el que no quiere ver", pero en este entierro Barack Obama también tiene una vela, ¿o no?
Categoría: Policías
Efráin Alcaraz Montes de Oca, alias El Carrizos, de 66 años de edad, fue nuevamente detenido el 14 de octubre del 2008 acusado de robo, junto con su cómplice Gustavo Aguilar Martel, alias El Mayel o El Mayer. Tenía apenas unos meses de haber salido del penal Molino de Flores de Texcoco, Estado de México. Este veterano zorrero saltó a la fama por haber robado las casas de los ex presidentes mexicanos Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, el ex regente Ernesto P. Uruchurtu y el futbolista Hugo Sánchez, y haber protagonizado el documental "Los Ladrones Viejos: Las Leyendas del Artegio", del cineasta mexicano Everardo González. A continuación, su conferencia de prensa en el búnker de la PGJDF.
Ladrones como El Carrizos pertenecen a la generación de la nostalgia criminalística mexicana, aquellos delincuentes de antaño que operaban con un código de ética, respetando reglas no escritas que anteponían el honor y la respetabilidad del ladrón entre sus colegas y sus mismas víctimas incluso, donde matar o herir es una acción burda, grosera e inaceptable. Por supuesto que estos criminales canosos dan risa con sus desplantes novelescos, pues entran a la cárcel con gracia y salen de ella con paciencia, la prisión es su veradero hogar, ahí está su familia, los policías son sus amigos y hasta se dirigen a ellos como DON Efraín, Don Fulano, esto los convierte en personajes de historieta, en caricaturas de carne y hueso que ellos mismos y la prensa se ha encargado de alimentar, pero ese cinismo, ese desparpajo es indudablemente siniestro.
Y ya que andamos en estos mensteres, si les gusta la novela detectivesca, les recomiendo ampliamente que visiten el Virtuality Literario de la UNAM www.cazadeletras.unam.mx, ya que 4 o 5 de las 12 novelas participantes son de corte negro o policiaco, vale el tiempo leerlas (muertas de Juárez, narcoejeuciones, coyotes y mojados, antropógafos urbanos...)
El Master, colaborador de este blog, nos envía desde España una entrevista con un policía que, a pesar de trabajar uniformado, se distingue de los demás:
José Luis Romero es un policía local de Barcelona, España, que a sus 45 años de edad se ha descubierto como escritor del género negro con su primera novela "Siempre quise bailar como el negro de Boney M.", una historia de espionaje industrial e ingeniería genética protagonizada por el ex guardia civil e investigador privado Evaristo Conrado.
Al ritmo mental de canciones como Ma. Baker, basada en la legendaria fugitiva número uno del FBI en los años 30, pero ambientada en la Barcelona contemporánea, la novela deja a un lado el rostro turístico de esta ciudad cosmopolita del diseño para desmenuzar las claves de los bajos fondos barceloneses.
En ella conviven el desempleo, el desarraigo, la marginalidad y obviamente la violencia, las intrigas y los asesinatos, ingredientes indispensables de la novela policiaca. NOTAROJA lo contactó y ésto fue lo que nos platicó:
¿Cómo nació la idea y cuánto tardaste en escribirla?
Surgió mientras leía un artículo publicado en el diario La Vanguardia de Barcelona en el que auguraba que el dopaje genético sería el dopaje del futuro. En él se explicaba el experimento de los "ratones Schwarzenegger": unos ratones a los que se les inyectó un gen que les provocó un descomunal crecimiento de la masa muscular, aunque al poco, los ratones murieron debido a que su organismo no estaba preparado para ese caudal de vida. Ese mismo artículo aseguraba que muchos atletas estarían dispuestos a jugarse la salud a cambio de un oro olímpico. Interiormente me indignó muchísimo leer eso, tomar conciencia de lo que el ser humano es capaz de hacer a cambio de una efímera fama (hay por ahí muchos medallistas olímpicos muertos de hambre). Pero la realidad está sobre la mesa. Mira el ciclismo, el deporte más castigado con esa lacra del dopaje y de tramposos. Quizá deberíamos plantearnos si es que no pretendemos demasiado de nuestros deportistas exigiéndoles que sean auténticos supermanes. Después de concebir la idea no pude parar y todo el tiempo que no estaba trabajando estaba escribiendo, todas las mañanas y todas las noches. Cuando por fin acabé fui consciente de que había estado absorto un año y medio en esta historia, tiempo durante el que conté con el apoyo incondicional de mi familia.
¿Cómo hiciste para compaginar tus trabajos de policía y escritor? Ambos son demandantes...
Escribir supone tener una o varias historias en la cabeza. Historias vivas y que cada día crecen un poco, con lo que tienes una neurona por aquí y la otra por allí. Estás concentrado en todo y en nada a la vez, siempre tomando apuntes y, alguna vez, incluso te levantas de la cama porque te ha venido a la cabeza una idea. Efectivamente el trabajo policial erosiona; te desenvuelves en un medio estresante, demanda tu máxima concentración y necesitas estar continuamente reciclándote, aunque al mismo tiempo me retroalimento de él: muchas situaciones no las hubiese vivido de no ser policía. Yo no diría que he sacrificado mi tiempo libre, diría más bien que he dedicado ese tiempo a mi hobby de escribir. Escribir me relaja. Disfruto creando ambientes y personajes extremos y me facilita huir un poco de este mundo en el que cada es más complicado vivir y que cada vez gira con más virulencia.
¿Qué escritores te han influido?
En novela negra y policíaca me dominan los estilos contundentes y directos de Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross McDonald, a los que considero los padres del género. Actualmente leo todo lo que cae en mis manos de Lorenzo Silva y de Andrea Camilleri.
¿Cómo aprendiste a escribir?
Jorge Larena, amigo, escritor y finalista del Premio Planeta 2002 me enseñó el camino y me animó para que escribiera, aunque eso fue sólo el inicio. Luego hubo que leer mucho, leer y desmenuzar cada página, cada párrafo y cada línea de todo lo que cae en tus manos. Cuando comienzas a escribir lees de manera diferente a la normal; fijas tu atención en cómo se cuenta una situación, en si la acción transcurre narrada o protagonizada, hurgas en la naturaleza de los protagonistas y descifras el papel que el autor le ha otorgado a los personajes secundarios. Te fijas en la construcción de los párrafos y, en alguna obra, incluso, ejercitas la imaginación para adivinar la relación que guarda el título con la novela. Lees algo de Dan Brown, Ruiz Zafón o Ildefonso Falcones y analizas cómo cada uno de ellos construye sus best sellers. Soy autodidacta prácticamente en todo.
Haber publicado este libro, ¿te cambió la vida?
Mi vida profesional no ha sufrido grandes cambios, sigo fichando cada día igual que antes y trabajando con la misma implicación. Aunque en el plano personal sí que ha habido momentos importantes: entrevistas en televisión, radio, agencias de noticias, periódicos, o cuando tuve conocimiento que la revista Qué Leer encumbraba a la primera posición de sus recomendaciones de lectura para el verano a Siempre quise bailar como el negro de Boney M. Publicar un libro es un sueño. Cohello decía sobre ello que cuando te propones algo, el universo entero conspira para que lo consigas; una metáfora de 'actúa con decisión, sé constante y alcanzarás tu sueño'.
¿Cuando andas de policía, sientes que lo que vives es de novela?
Cuando estoy trabajando, José Luis el escritor está aislado en algún lugar de mi limbo. El trabajo es una realidad donde debes tomar decisiones que no sólo te afectan a ti, sino que si te equivocas puedes perjudicar a otros. Procuro poner siempre los cinco sentidos. Lo que no quita que alguna imagen o alguna situación quede fotografiada en mi memoria. Tampoco negaré que en momentos de distensión con los compañeros siempre hay alguna anécdota o alguna frase que queda guardada en algún rincón de mi mente y que en algún momento u otro pienso utilizar.
¿Qué piensan tus colegas y tus jefes?
Para mis jefes ha sido toda una sorpresa, puesto que ignoraban esta afición. Alguno incluso me ha preguntado si era una actividad compatible con nuestro trabajo, cosa de la que ya me había asegurado antes. Los compañeros han reaccionado de diferentes maneras, aunque en lo que todos coincidían era a la hora de solicitar algún lugar donde comprarlos con descuento (jajaja). Los policías somos así, siempre buscando "el chocolate del loro".
¿Se promueve en tu país la literatura entre policías?
Particularmente no hay ningún programa que promueva la escritura, aunque sí hay algún Certamen Literario que restringe su participación a miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, como el de relato corto de Cáceres, certamen en el que obtuve el primer premio en el año 2005. Este año he presentado un relato a este concurso que se encuentra ya entre los siete finalistas. El dos de octubre, coincidiendo con el "Día de la Policía", se da a conocer al ganador.
¿Qué les sugieres a los policías de otros países para animarse a escribir?
Para escribir, lo primero que se necesita es tener algo que contar, algo que decir al mundo, y no tiene que ser necesariamente algo relacionado con el asunto policial; algo que te oprime el corazón o algo que te carga el hígado de bilis pueden ser un buen punto de partida. Conozco algunos escritores que se han puesto a ello impulsados por alguna de esas vivencias que te cambian la vida. Yo animaría a mis compañeros a que lo intentasen, incluso como terapia.
¿Cómo manejas el estigma y el rechazo hacia la policía, a la que se suele relacionar con abusos y represión?
Los policías locales somos "la mosca cojonera" del ciudadano, somos conscientes de ello: no puede usted hacer esto, no puede usted hacer aquello… Algunos ciudadanos nos culpan de todo lo malo que sucede en sus vidas, otros nos tachan de represores, comparándonos a la policía del franquismo, curiosamente personas que nacieron después de esa etapa y que por suerte han vivido en la época de mayores libertades civiles. Pero con el tiempo, en tu piel prospera una especie de escamilla que te preserva de esas cosas. En cuanto a los abusos, la ley es muy clara: cada uno de nosotros somos personal y directamente responsables de nuestros actos. La ley es implacable con estos asuntos y aquí la sanción es doble: penal y administrativa.
¿Seguirás siendo un policía-escritor o te dedicarás de lleno a la literatura?
Poder vivir de la literatura sería un sueño, aunque de momento seguiré siendo, como tú bien dices, policía-escritor. Con "Siempre quise bailar como el negro de Boney M" he metido las narices en este mundillo, tengo otro libro acabado que ya tienen los editores y en mi mente están bullendo ideas para el nuevo. Saludos desde Barcelona...
Antes de ingresar a la policía, José Luis Romero, nacido en Barcelona, en 1963, cursó estudios de agronomía mientras trabajaba como barman y cadenero en la disco Metro, una de las más famosas de Barcelona en los 80; luego fundó y atendió su propio bar en Roquetes, barrio otrora marginal.
Con el relato corto "Cantos de sirena", el escritor autodidacta ganó el primer premio del Certamen Literario Día de la Policía de Cáceres, España, en 2005, un concurso exclusivo para miembros de las fuerzas policiacas españolas.
La primera edición de 5 mil ejemplares de su primera novela "Siempre quise bailar como el negro de Boney M." salió en junio y ya está agotada.
Está casado y tiene una hija.
...En una ciudad tan populosa y cosmopolita como Barcelona en cualquier lugar hay broncas, en cualquier momento se comenten asaltos o te topas con borrachos al volante. Y la noche es otro país con otro idioma, donde predomina la palabra gruesa, el gesto seco y donde campan a sus anchas los pirados que se dedican a incendiar coches y contenedores para divertirse. A esas horas el peligro y la violencia aumentan exponencialmente, sobre todo en el centro. Por algo Las Ramblas se encuentra en el ranking de las diez calles más peligrosas del mundo...
...Otra cosa era el resto de la Plaza y sus aledaños, donde se movía otro tipo de ambiente. Un batiburrillo de gente de la más baja extracción se daba cita también allí. Los bancos públicos y los suelos estaban ocupados por una variopinta hueste antisocial: gente sin patria ni techo, pedigüeños, camellos, borrachos, drogadictos, liendrosos, feos y los más guarros de Barcelona y otras ciudades europeas se congregaban cada noche entorno al sembrado de terrazas más caras de la Barcelona cosmopolita; una milicia que había renunciado al amansamiento impuesto por el sistema y había asumido el extremismo social como forma de vida...
Párrafos extraídos del libro "SIEMPRE QUISE BAILAR COMO EL NEGRO DE BONEY M.", primera novela de José Luis Romero, un policía local de Barcelona en activo que se ha descubierto como escritor del género negro, nadie más autorizado que él para develar y cuestionar los símbolos y las claves de los bajos fondos barceloneses. Un abrazo
Marchas chaladas como la del sábado 30 en la Ciudad de México han sido, son y seguirán siendo INÚTILES, justo como la del 2004 y de 1997, lástima de organización social y qué asco de solidaridad de CLASE, pero qué chulada de postal con veladoras en el Zócalo. EXIGIMOS..blablabla, ¡qué ingenuidad! el gobierno no le da NADA al ciudadano, al contrario, LE QUITA demasiado; la gente trabaja, vive y se organiza A PESAR DE las autoridades, A PESAR DEL gobierno, A PESAR de los políticos. Lo que debería hacer la gente en vez de andar EXIGIENDO!!! es TOMAR lo que por derecho les corresponde, es formar células sociales autogestivas de seguridad comunitaria, formar redes de autoprotección, interactuar con sus vecinos, crear un directorio de vigilantes ciudadanos para reaccionar en caso necesario, respetar y hacer cumplir las leyes y reglamentos, diseñar círculos virtuosos de trabajo y participación colectiva en cada barrio, en cada pueblo, en cada colonia, y sobre todo DENUNCIAR y no fomentar ni tolerar conductas ilícitas, YA ESTÁ VISTO Y COMPROBADO que ni la policía ni el ejército ni el inútil sistema carcelario sirven para frenar la delincuencia y, si se trata de la violencia del narcotráfico, la ÚNICA SOLUCIÓN viable y efectiva es despenalizar el tráfico y consumo de drogas, tal y como se hizo con el alcohol y el tabaco, así se acabará la narcoviolencia de la noche a la mañana. PUNTO.
Retomo una interesante entrevista publicada por Mario Vázquez Barrios el 16 de julio en el periódico El Financiero con el periodista y escritor Eduardo Monteverde (Tacubaya, México, DF, 1948), autor del muy recomendable libro de crónicas periodísticas "Lo peor del horror", ganadora del premio Rodolfo Walsh a la mejor obra de no ficción en el marco de la semana negra de Gijón, España, 2005:
-¿Qué diferencia hay entre nota roja y periodismo negro?
-Las pondría a las dos en la misma línea. Son dos territorios que comparten una misma frontera. Y más en México, en donde los políticos son más objeto. Digamos, el periodismo negro es más político mientras la nota roja es más civil. México es un asco; es un vertedero donde están mezcladas las dos.
-¿Ubica límites para este periodismo: la necrofilia y el morbo?
-Para el espectador, el morbo es casi instintivo; es un mecanismo de alerta y lleva instintos de sobrevivencia. A diferencia de los mamíferos, que ven un cadáver un rato y se van, el ser humano se queda en el teatro de los hechos para ver posibles soluciones. Al humano le atraen los enigmas o huye. Es también profiláctico.
-¿En qué sentido lo es?
-En que previene. Eso no quiere decir que mejore la condición humana. No sé si aumente el crimen en números relativos. En números absolu- tos sí, porque hay más hacinamiento, pero las situaciones del crimen sí son las mismas de Aristóteles y de Platón. Las situaciones dramáticas de Aristóteles siguen siendo motivo de nota roja y de novela policiaca. Ahí está la súplica, el rescate, el crimen perseguido por venganza, venganza de parientes sobre parientes, persecución, desastre; víctimas de la crueldad o la venganza; rebelión; enigma, logro, consecución, rivalidad entre parientes; adulterio; locura, imprudencia fatal, involuntarios de amor, sacrificio por un ideal. No es nada nuevo.
-¿Hay un elemento de periodismo negro que esté atado a la consecución del poder, el desaparecer a otro?
-Es aterrorizar a la opinión pública. Poner cabezas a las afueras de los municipios es una barbarie desde antes que se inventara la civilización con la agricultura. Siguen siendo los mismos patrones. Hay un progreso técnico, pero no hay un progreso moral.
-Llaman la atención tres palabras: horror, cancerbero, neblina, implícitas en sus tres novelas. Usted, al plasmarlas como escritor, ¿se puede quedar encadenado?
-Para nada es un exorcismo y para nada hay cadenas. Es una profesión. Yo no creo en el escritor atormentado que escribe desde la sangre, la ira. Se escribe desde la mesa y se inventan personajes. Es un conocimiento falso que resulta verdadero. Es una paradoja. Ese conocimiento falso se llama ficción y existe. Pero a mí no me atrapan mis personajes, ni sueño con ellos, ni tengo pesadillas. Y lo de la oscuridad, es una gran metáfora inherente a toda la humanidad. El hombre es un animal diurno, luminoso. En la oscuridad duda, titubea. El hombre inventa demonios. Precisamente los primeros demonios son animales nocturnos. El hombre no sabe qué animal lo va a agredir en la noche. El miedo es una de las emociones primarias, es la más fuerte.
-En la novela negra, Hammett imprimió fuerza a sus escritos porque él era detective privado. En su caso, como médico patólogo, ¿qué elementos pueden advertirse?
-Ninguno. Chéjov escribió cosas truculentas como el Pabellón número 6; William Carlos Williams era poeta y nunca escribió sobre medicina ni muertos; Jimmy Thompson, que era escritor, tiene una de las mejores caracterizaciones de un asesino psicópata en El asesino dentro de mí; Raymond Chandler, que no era médico, tiene estupendas descripciones de los médicos corruptos en Los Ángeles en los años cincuenta.
-¿Cómo un ciudadano común se detona en asesino? ¿Ha pensado en esa idea?
-Desde luego. Stanley Mildred, de la Universidad de Yale en los años sesenta, hizo un experimento donde se le hacían preguntas a una persona detrás del video de una cámara. Si no contestaba, le aplicaban un toque eléctrico; pero hubo un instructor que decía aplícale más, aplícale más hasta que la corriente era tan alta que pudo fulminar al que estaba haciendo el examen. Ahí se ve este grado de compulsión por hacerle daño al otro. Yo no creo en la otredad, ni en el otro. Sartre dijo: El otro es el infierno. A la gente no le importa, llega un momento en que achicharra al que sea. Ahí está la Alemania nazi con su bestialidad. Marc Behm tiene una novela sobre esta compulsión asesina de los nazis: La reina de la noche.
Crédito de la foto: ARTURO CAMPOS CEDILLO La Jornada

