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La Coctelera

Categoría: Masacres

Narco, el cuarto poder mexicano

El 6 de septiembre del 2006, hombres armados y encapuchados tiraron cinco cabezas humanas en la pista de baile del bar Sol y Sombra de Uruapan, Michoacán, junto con un letrero: "La familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes. Sólo muere quien deve (sic) morir. Sepanlo toda la gente. Esto es: justicia divina".

Desde sus dominios geográficos y sociales, la lógica y la retórica del crimen organizado se difunden en el escenario nacional e internacional por medio de la prensa.
No conforme con los mensajes tácitos o implícitos enviados a sus enemigos (rivales de negocio o gobierno) a través de personas ejecutadas, ahora decapita y exhibe las cabezas, y luego ensaya la variante de colgar mantas en la calle y sembrar granadas rotuladas en lugares públicos del DF, cuyas autoridades se niegan a admitir, todavía, que el narco ya opera en la Capital.
El indirecto manipuleo de los medios de comunicación demuestra la eficacia de la mafia mexicana para conseguir el objetivo de los terroristas con sus actos: difusión y propaganda.
Los secuestros y asesinatos en masa ya no sólo ocurren en Iraq, las decapitaciones y mutilaciones no son monopolio de Al Qaeda, de Kaibiles, de Maras, de tribunales islámicos o gobiernos asiáticos, las emboscadas a convoyes militares y policiacos no se perpetran sólo en Sri Lanka, Cachemira, Filipinas o Colombia. El narco mexicano evoluciona, se sofistica, se adapta a los tiempos globalizados y acapara la primera plana de la nota roja.
Los ataques armados y atentados contra militares, policías, ministerios públicos, funcionarios, alcaldes, diputados, cuarteles, agencias investigadoras, periódicos, levantones masivos y ejecuciones selectivas, sugieren un sesgo del narco tradicional hacia tácticas de guerrilla urbana y terrorismo para desmoralizar y atemorizar a civiles y uniformados. Desestabiliza y crea una anarquía que los favorece.
En Michoacán, Sinaloa, Coahuila, Sonora, Tamaulipas, Baja California, Tabasco, Guerrero y Quintana Roo cientos de mandos y policías que han sobrevivido a las balas y sentencias del crimen organizado, han renunciado, desertado o han sido tratados como delincuentes.
Tras dos atentados con granadas, el diario Cambio, de Sonora, decidió cerrar. Amado Ramírez, veterano corresponsal de la cadena Televisa en el puerto de Acapulco, fue acribillado.
Sin poder o sin querer ver más allá de su nariz, el presidente Felipe Calderón, justifica el sacrificio de vidas, despilfarra presupuesto y pierde valioso tiempo dando palos de ciego en una “guerra” que ya ha perdido sin siquiera haberla iniciado.

Al ordenar al Ejército intervenir en el combate al narcotráfico, Calderón decide jugar la carta que a su juicio le parece más contundente, pero que resultará ser la menos inteligente en cuanto a análisis de información y diseño de estrategias se refiere.
Con la promesa de mejores sueldos y prestaciones, Calderón manda por delante en su cruzada a los soldados como improvisados policías que a la postre serán hombres prescindibles, carne de cañón.
Anuncios de radio y televisión del gobierno calderonista insisten en que el Ejército salvará a México de sus males y machacan con la idea de que así las drogas ya no entrarán a las casas de los mexicanos para envenenar a sus hijos y que desparecerán los traficantes alrededor de las escuelas.
Nada más falso y simplista.

Al regirse con leyes propias, el Ejército goza de inmunidad e impunidad cuando comete delitos, homicidios y abusos de autoridad como ya está ocurriendo en varias zonas del País.
La soberanía también está en riesgo. El gobierno de Estados Unidos se ha mantenido muy activo emitiendo declaraciones en torno a las noticias de la narcoviolencia en México. La Canciller mexicana se apuró a decir que no hay planes para permitir el apoyo de EU y el ingreso de sus militares a territorio mexicano como se hizo en el caso de Colombia, pero ya reculó y dice que siempre sí, lo que ha sido confirmado por legisladores de EU.
Otra mentira de la campaña calderonista: las drogas, los traficantes y su consumo no están en los alrededores de las escuelas, ya están dentro de las escuelas, públicas y privadas.
Otro engaño: las drogas no están fuera de las casas de las familias mexicanas, ya están dentro de ellas, en colonias ricas y pobres.
Otro embuste: las drogas no están en las calles: están en todas las fiestas y reuniones de adolescentes y adultos en todos los niveles sociales y económicos.

Calderón repite el gastado y hueco discurso de todos sus antecesores, priistas y panistas.
¿Acaso el asunto de las drogas no es también de Educación, Desarrollo Social, Salud, Cultura, Deporte, Trabajo, Economía? ¿Los diputados y los senadores tienen algo que decir al respecto? ¿Serán tan brillantes como para discutir algún día los pros y contras de una despenalización de la producción, compra, venta y consumo de algunas drogas?

Hay un problema grave de seguridad nacional y éste no será resuelto a corto plazo, pero si no se actúa ya de forma integral y novedosa, la vulnerabilidad del Estado será cada vez más notoria, y sobre todo peligrosa.
Mientras todo el dinero, el esfuerzo, la sangre y la inteligencia se enfoque sólo a la inmediatez de los síntomas y no a la enfermedad, la narcoviolencia seguirá siendo la ley en México.

Suerte en su “guerra”, señor presidente, la va a necesitar.

El culto a las armas, Dios, la biblia y la masacre de Virginia Tech

Las únicas personas con derecho a reclamar son los familiares y amigos de los muertos en la carnicería que hizo el inmigrante surcoreano Cho Siung-Hui en la Universidad Tecnológica de Virginia.
¿Oyeron el discurso del presidente George W.Bush? Para este señor, las armas de fuego y Dios comparten el mismo altar y tienen la misma relevancia en el destino y suerte de su gente.
Salió a decir el primer día que lamentaba mucho lo sucedido, pero que defendía el derecho de los norteamericanos a poseer armas y que el problema no son las armas de fuego (¡¿Cómo dijo?!)
Al día siguiente, en la ceremonia luctuosa por las víctimas, el patético y fundamentalista discurso de Bush (El Predicador, El Matancero) se asemejó más a una misa por lacantidad de citas y referencias bíblicas que utilizó. Era el padre sermoneando a sus hijos, convenciéndolos de que todo es palabra de Dios, de que su sabiduría es infinita y sólo él sabe por qué lo hace, que todo está escrito, que los misterios son divinos y que nada hay que temer. El señor es mi pastor, nada me faltará...
Este hombre ha dedicado su vida como líder del país más rico y poderoso del mundo a enviar soldados y ejércitos a invadir países y exterminar a sus habitantes.
¿Ha admitido alguna vez sentir pena o ha tenido alguna vez una palabra de aliento por las personas asesinadas bajo sus órdenes?.. Claro que no, porque todos los NO norteamericanos son subhumanos, ciudadanos de segunda categoría, incluidos los de naciones "amigas", como México, su vecino del sur, ese patio trasero atiborrado de pobres, mugrosos, beaners, greasers, ignorantes y salvajes que buscan cruzar la frontera para quitarles lo que por destino manifiesto es de los gringos. ¿América para los americanos?
Yo sostengo firmemente que la gente cosecha lo que siembra y la última prueba de ello es Virgina Tech.
El culto a las armas de fuego y la justificación divina de los peores actos, con el odio, el racismo y el imperialismo institucionalizado e inculcado desde la familia y la educación, ha creado -literalmente- un monstruo de la sociedad norteamericana.
¿A quién le sorprende esta masacre? A mí no. Los asesinatos en masa son cíclicos y seguirán ocurriendo mientras se mantenga el terreno abonado con los antivalores y los espejismos típicos del sistema norteamericano. El verdadero enemigo de Estados Unidos vive en Estados Unidos.

Cho Siung-Hui
Foto: AFP