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La Coctelera

Categoría: Literatura

Explora escritora al asesino serial

Películas, literatura o reportajes sobre los criminales representan un intento por comprender esas mentes que sorprenden y asustan.- Ivonne Reyes
Foto: Edgar Medel

Por Beatriz De León*

Contrario a lo que se piensa, las obsesiones y la carencia de empatía de los asesinos seriales los hacen menos complejos, pero más incomprensibles que el resto de los mortales, asegura la escritora Ivonne Reyes, autora de Muerte caracol, publicada en breve por Conaculta y el Gobierno del Estado de Querétaro.

"Tienen un aura de extrañeza, son ajenos, y cada acercamiento a su vida, ya sea mediante películas, literatura o reportajes, son intentos por comprender esas mentes que nos sorprenden y asustan".

En 2009, Reyes obtuvo el primer lugar en el concurso Una Vuelta de Tuerca, con la novela Muerte caracol, inspirada en el caso del asesino serial William Richard Bradford.

Reyes explica que la forma en que la psicología criminal aborda al serial killer, buscando en su historia familiar la causa de sus aberraciones, se parece a la forma utilizada, en general, para construir un personaje.

"Pienso que los asesinos seriales de la vida real parecen personajes de ficción, así que el salto al cine o la literatura es natural".

¿Qué es lo que le atrae del género negro?

Debo aclarar que no sólo escribo género negro. Me gusta mucho escribir cuento realista. Muerte caracol es, de hecho, una crítica hacia la novela negra tradicional.

Del género negro me atrae que aún tiene muchas posibilidades. Pareciera que ya todo está dicho, pero en esa dificultad precisamente están las oportunidades de encontrar nuevos y originales caminos. Mi novela se basa en la forma. Si ya todo está dicho es en la forma de decirlo donde se puede hallar la diferencia.

De la "nota roja" mexicana, ¿le ha seducido alguna historia?

Me parece que en la nota roja se tiende a villanizar al culpable y santificar a las víctimas. Por ello, me encantaría conocer qué pasó detrás del crimen de Cumbres (en Monterrey), el caso de Diego Santoy y Erika Peña. Sin darle absoluta credibilidad a Diego, creo que Erika no es totalmente inocente.

Esas relaciones me parecen interesantes, pues es en el amor donde se gesta el germen criminal. Se han documentado muchos casos así, como el de Martha Beck y Raymond Fernández, Los asesinos de los corazones solitarios, o el de Pauline Parker y Juliete Hulme, las adolescentes asesinas en las que se basa la película Criaturas celestiales. Son relaciones viciosas, donde se compenetran tanto que se creen con el derecho de matar a los que consideran un obstáculo para su amor o inferiores a ellos.

 Recientemente, el escritor irlandés John Connolly declaró que la mayoría de los lectores de novela negra son mujeres. Y que, en general, las mujeres leen y escriben escenas más violentas que los hombres, ¿qué opina al respecto?

Creo que esa afirmación requiere de un estudio serio, más que de una aseveración por parte de un escritor. La violencia tiene orígenes sociológicos, psicológicos, pero sobre todo biológicos. Es una respuesta física de sobrevivencia. La testosterona es la hormona de la agresión, por ello, necesariamente las mujeres somos menos violentas. Si es cierto que lo somos en la ficción, tal vez sería una forma de entrar en ese mundo del que la naturaleza nos alejó.

Por otro lado, las escritoras no tenemos la obligación de ser feministas y cuidar siempre la figura de la mujer. La literatura no debería tener sexo. Cuando eso ocurra estaremos hablando de igualdad, antes no. Estoy consciente y agradecida por las luchas feministas históricas que se han librado y que me han permitido a mí estar en este momento respondiendo esta entrevista, y sé que aún queda mucho por hacer, pero para el momento y circunstancias que me tocaron vivir a mí, el feminismo me resulta ajeno.

Carlos Sobera, su personaje en Muerte caracol, se pregunta qué puede ser más placentero que desde un sitio seguro ver el sufrimiento de los otros y, tal vez, sentir algo de compasión. ¿Cómo ve en la realidad al consumidor de los medios, expuesto cada vez más a la violencia?

Ojalá fuera a través de los medios donde nos expusiéramos a la violencia, pero no es así. La violencia está en nuestra vida diaria y los medios sólo son el espejo de la realidad.

Sobera lee estas novelas porque le interesa entender la naturaleza del Mal, ¿y a usted qué le mueve a escribir sobre crímenes?

Una de las tesis de mi novela es que uno es lo que lee. Desde adolescente me gustó el género negro, tanto en literatura, como en cine y televisión. La mayoría de las veces me interesaba el desarrollo de la obra, pero el final me decepcionaba. Otras veces me parecía que las historias eran buenas, pero lejanas a mi realidad. De estas dos carencias surgió la idea de hacer mi propia versión.

Estamos en medio de lo que se ha llamado una guerra contra el narco, el uso de la violencia no sólo es cada vez más común, sino que va subiendo de nivel, ¿cómo competir con esa realidad?

No creo que la novela tenga que competir con la realidad. La literatura se parece a la realidad, pero no es la realidad. La ficción cumple una función lúdica, que permite experimentar el peligro desde un lugar seguro.

¿Se ha marcado un límite en el uso de la violencia?

En mi vida diaria soy absolutamente pacifista, pero en la literatura no. Los límites serán los que la obra que estoy escribiendo requiera.

El personaje de su novela piensa: "Dime qué lees y te diré quién eres", ¿cómo imagina a su lector?

Me lo imagino como alguien con ganas de leer algo diferente y de que lo sorprendan en cada página.

Hay una frase en la novela: "Pueden acabar con un criminal, pero siempre habrá muchos más agazapados, esperando el mejor momento para atacar". ¿Podríamos decir que esa es la realidad de hoy en México?

El fenómeno criminal que está ocurriendo en nuestro País es multifactorial: falta de educación, de oportunidades, impunidad, ensalzamiento del reconocimiento social por medio del poseer, corrupción, rencor de clase, valores torcidos, como pensar que el que más transa es mejor, entre muchos otros. Así que mientras no se ataque de forma integral el delito, como lo han hecho en Uruguay, en Reino Unido o Nueva York, me temo que sí, que siempre habrá algunos más, agazapados, esperando para atacar.

*Reportera de El Ángel, periódico Reforma.

Censores

Censores
Por Catón
Airadas voces se han levantado, algunas a más de 10 centímetros sobre el suelo, para exigir que no se lleve al cine la novela Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez. Esa inquisitorial demanda proviene principalmente de la izquierda. Yo siento un gran respeto por la izquierda, aunque a veces no sea tan derecha, pero creo que en este caso va por camino equivocado. Sus censores y censoras decretaron que permitir la filmación de esa novela es propiciar la pederastia, hacer la apología de la prostitución y la pornografía infantiles, y alentar la esclavitud de niños, pues su protagonista, un nonagenario, paga por tener una relación sexual con una adolescente de 14 años. Están seguros de que los varones que vean la película -sobre todo los que tengan 90 años o más- saldrán del cine poseídos por rijos pedofílicos, e irán corriendo a buscar niñas de 14 años, vírgenes y drogadas, para ejercer en ellas lo aprendido en ese inmoral film. Aplicando el mismo razonamiento deben pedir también que se prohiba la exhibición de otras dos magníficas películas basadas en novelas de García Márquez: Crónica de una muerte anunciada, pues la obra puede incitar al público a cometer el delito de homicidio, y El amor en los tiempos del cólera, porque ahí se exalta la promiscuidad sexual, fea costumbre del personaje principal, que tras haber conocido carnalmente a cientos de mujeres, ya en plena ancianidad, y pese a no ser de Saltillo, seguía teniendo amores eficaces con muchachas jóvenes. Lo que llama la atención en este episodio de censura es la falta de congruencia. No hace muchos años un funcionario panista reclamó su derecho a saber qué libros se encargaban en la escuela a su hija menor de edad, y juzgó impropia para ella la lectura de Aura, de Carlos Fuentes. De inmediato se echaron sobre él como mastines los adalides de la izquierda libertaria, y lo cubrieron con los más acres calificativos y denuestos. Claro que con eso la espléndida novela de nuestro máximo escritor recibió una copiosa propaganda, igual que ahora sucede con la obra del colombiano. Sería una lástima que los productores de la película cedieran a las presiones de los extremistas. Ya se ve que los fanatismos de la izquierda son tan feroces y nocivos como los de la derecha. Yo pienso que es un privilegio vivir en la misma época en que vive Gabriel García Márquez. Es como haber vivido cuando vivía Cervantes. Impedir la filmación de Memoria de mis putas tristes es imponer a la obra de este hombre genial limitaciones derivadas de estrechos criterios moralistas, y someterla a obtusas consideraciones que nada tienen que ver con la naturaleza del arte, en cuya esencia está la libertad creadora.

Pedofilia ¿arte o delito?

La famosa fuente Manneken Pis en Bruselas, Bélgica, ¿es arte o una escultura sucia y degenerada que ensalza y promueve la pornografía y la explotación infantil y que por lo tanto debería ser destruida de inmediato y su autor, constructor y quien permitió su exhibición deben ser procesados penalmente?

Ya no sé si, como decía el jefe Gus, pegarme un tiro o tirarme un pedo. Resulta ahora que el tema vuelve a encenderse con la detención del cineasta Roman Polanski en Suiza por pederastia, la captura en México de una banda de pornógrafos infantiles, la censura a una foto de la actriz Brooke Shields desnuda cuando tenía 10 años de edad que se exhibiría en la galeria Tate Modern de Londres, y la cancelación en Puebla del rodaje de la película "Memoria de mis putas tristes", basada en la novela de Gabriel García Márquez, y denunciada ya ante la PGR (su guión, porque ni siquiera ha comenzado el rodaje), acusada de hacer apología de la pederastia, curiosamente en el estado del gobernador acusado de proteger a pederastas (qué ironía o qué hipocresía), queda claro que la polémica desatada alrededor de este asunto tiene una tendencia cíclica. Cuando se trata de un delito, que los culpables asuman las consecuencias de sus actos, pero criminalizar las expresiones artísticas y culturales hoy es regresar a la época del Oscurantismo, la Santa Inquisición y el Terror. Es un tema interesante para discutir, pero en realidad es un falso problema que sólo prueba que el ser humano, tras tantos años de "civilización", sigue moviéndose erráticamente en la doble moral que lo oprime y caracteriza. En un texto, una película o la música, una referencia pedófila (ejemplos hay miles, Nabokov, Sade, Carroll, Fernando Vallejo, Pasolini, Bukowski, The Doors...) es arte y se permite, pero en una foto o video, hoy, es un delito. Adelante, invitamos al gobierno de Puebla y a quienes se oponen al rodaje de Memoria de mis putas tristes a perseguir y linchar en público a García Márquez, a organizar una quema pública de todos los libros existentes de Sade, Nabokov, Lewis Carroll y Fernando Vallejo (¿recuerdan la historia de la gran novela "Farenheit 451", de Ray Bradbury? ¡qué actual!), a escupirle a los antiguos griegos porque eran unos consumados pederastas, a destruir los discos de Jim Morrison... Qué estupidez, es decir, los ex integrantes del grupo Timbiriche, la niña de la película E.T. y el actor de Mi Pobre Angelito y miles ex niños artistas más se quejan hoy agria y públicamente o admiten que sus papás o representantes los explotaron, les robaron y abusaron de su confianza (esos son delitos no?), pero nadie se escandaliza y hasta lo ven normal, ¿acaso no es el mismo caso?, por qué algo se criminaliza en ciertas circunstancias y en otras no?, no es contradictorio?, no es arbitrario?, no es bárbaro?, el arte, al menos en teoría, está sobre las leyes y la moral porque es libre, revolucionario y provocador,  mientras que las leyes y la moral esclavizan el cuerpo y la mente, ¿no es verdad?. No pretendo hacer apología del delito y celebro que los derechos de los niños sean protegidos ahora más que nunca, pero vamos, hay cien o mil fotógrafos o artistas visuales serios que han hecho amplísimos estudios sobre niñas y niños desnudos, púberes, adolescentes, pero ahora esos mismos artistas serían encarcelados ¿o no?. Los niños y niñas de regiones africanas, asiáticas o latinoamericanas fotografiados desnudos porque no tienen con qué cubrirse o simplemente porque la costumbre es no cubirse ¿qué son?, ¿imágenes pornográficas o periodísticas?, ¿por qué esos niños y niñas "pobres y feos" no tienen los mismos derechos de otros niños de no aparecer desnudos en los medios o de que no se lucre con su imagen?, ¿porque son de otra clase?, ¿porque son diferentes? ¿porque son inferiores?, ¿por qué el trato diferenciado?. Incluso la dirección IP de los autores de este blog podría estar ya en la mira de la ciberpolicía o los cibercensores por publicar una foto de dominio público que se publicó en la revista Playboy y que fue considerada artística por curadores y corredores de arte británicos, y que a juicio de la ciberpolicía entraría en la categoría de "pornografía infantil". Existen playas nudistas familiares, sobre todo en Estados Unidos y Europa, en donde los niños aprenden la cultura del naturismo o nudismo y nadie se ofende o se siente agredido ni criminalizado por el hecho de que adultos desnudos convivan en paz y respeto con niños y niñas desnudas (???). El caso más curioso para nuestro gusto es el de la estrella porno Traci Lords (es una súper historia la de ésta, ahora señora, que todavía anda actuando por ahí en Estados Unidos, pero ya no en filmes XXX), quien rodó sus primeras películas cuando tenía 17 años, ella ocultaba entonces su edad real dicen quienes la contrataron, lo absurdo es que esas películas de principio de los años 80, están prohibidas hoy todavía en países como Holanda (país tan permisivo por cierto en el asunto de las drogas), porque argumentan que es pornografía infantil. El sexo forzado y el abuso sexual debe perseguirse y castigarse, pero el sexo consensuado no. Nosotros creemos que la morbosidad y la perversión no están en la imagen ni en el fotógrafo, sino en quien la contempla. La morbosidad y la perversión no están en los libros ni en sus autores, sino en quien los lee. La morbosidad y la perversión no están en la película ni en su director, sino en quien la mira. La morbosidad y la perversión no están en la canción ni en el cantante sino en quien la escucha. Pero el Estado y la Iglesia (que son exactamente lo mismo, entidades monopólicas del poder), como siempre, tienen la última palabra. ¡Qué porquería de mundo sería éste si no sabemos o aprendemos a ver la gracia, la inocencia y la maravilla de la naturaleza y el ser humano reflejadas en el cuerpo de un niño como el que nosotros fuimos alguna vez! (Gracias a la colega A.D. por promover la discusión del tema en su blog infogratiss)
Aquí les dejo la liga a un interesante artículo con fotos sobre el asunto de la imagen que aparece abajo de estas líneas y una entrevista con un fotógrafo especializado en desnudo infantil que opina al respecto.

Título de la foto: "Spiritual America" (1975). Autor: Richard Prince.
Esta es la imagen que fue descolgada por la policía británica de la galería Tate Modern, que la había incluido en su exposición llamada "Pop Life, Art in a Material World". La muestra que se exhibe actualmente incluye además esculturas y fotografías de Jeff Koons y su entonces esposa Cicciolina teniendo relaciones sexuales, figuras hipersexuales de Takashi Murakami, y obras del performancero Cosey Fanni Tutti, quien trabajó en la industria del cine pornográfico. ¡Háganme el cavor fabrón!

 

Premian a escritores siniestros

Plumas oscuras: los escritores Ivonne Reyes y Omar Delgado.
(Foto: Master)

Durante una breve, pero aplaudida ceremonia, realizada en la ciudad de Querétaro, el miércoles 2 de septiembre, fueron entregados los premios a la obra ganadora y la mención honorífica del concurso de Novela Negra Una Vuelta de Tuerca 2009.
Por su libro "Muerte Caracol", inscrito con el nombre "Crímenes Necesarios", la escritora Ana Ivonne Reyes Chiquete, quien participó con el seudónimo de Anastasio Enríquez, recibió cheque y diploma de manos de Manuel Naredo, director del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, mientras que el escritor Omar Alejandro Delgado Vázquez, quien se inscribió con el seudónimo Eliseo Yollotl, recibió una mención especial por su novela "El Caballero el Desierto", inscrita con el nombre de "El Fantasma de Arizona".
Es curioso señalar que tanto Reyes Chiquete como Delgado Vázquez participaron en la segunda edición del virtuality literario Caza de Letras de la UNAM. Ella con el ex libris de Ave Aura; él, como Disaki.
Por primera vez en cuatro ediciones del concurso Una Vuelta de Tuerca, el ganador es una mujer.
Cuestionada al respecto, Ivonne Reyes dijo que: "la literatura ya no es cuestión de géneros, el autor debe ser capaz de ponerse la piel de sus personajes y ser un él o una ella, según requiera su historia, mi protagonista es hombre, pero también hay varios personajes femeninos en mi novela".
Muerte Caracol trata sobre Carlos Sobera, un lector de novela negra. La historia se mueve entre dos planos, la historia que lee Carlos Sobera y lo que provoca esa lectura en la vida cotidiana del protagonista, quien trabaja como administrativo en un hospital, donde mata el tedio entre sus lecturas y sus atisbos regulares a la sórdida sala de urgencias.
"Yo soy quien soy en gran parte por mis lecturas", explicó la autora, "y eso es lo que quise reflejar en la novela".
Reyes Chiquete comentó que fue en el laboratorio de novela del escritor Celso Santajuliana, donde trabajó la obra Muerte Caracol.
La escritora nos compartió que si bien ella es lectora asidua de novela negra, la inspiración para su obra vino más de su acercamiento a obras de no ficción y notas periodísticas sobre crimen.
Entre sus novelas favoritas del género se encuentran Extraños en un tren, de Patricia Highsmith y La Dalia Negra, de James Ellroy. También A sangre fría, de Truman Capote, y Felices como asesinos, de Gordon Burn, aunque estas dos últimas no son ficción, sino grandes reportajes novelados, concluyó.

 

 

Los Crímenes Necesarios

Con su libro "Crímenes Necesarios", la escritora mexicana Ana Ivonne Reyes Chiquete (Distrito Federal, 1971), ganó el Premio de Novela Negra Una Vuelta de Tuerca 2009 convocado por el Instituto Queretano de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

En entrevista exclusiva con NOTAROJA, la maestra Reyes Chiquete, egresada de la escuela de escritores de la Sogem y quien ya ha publicado varios cuentos y obras de teatro, habló sobre ésta, su primera novela, y sobre el género negro o literatura del crimen.

¿Qué es la literatura negra para ti?

Se cree que literatura negra son temas, por ejemplo: crímenes, violencia, policías, intriga, muerte, investigación, y todo eso es correcto, pero el tema real, de fondo, de la novela negra, es el lado oscuro del ser humano, lo siniestro del ser humano, mi novela escudriña precisamente ese aspecto.

¿Por qué crees que los jueces se hayan inclinado por tu obra sobre las otras 20 que participaron?

Crímenes Necesarios es un libro que, como el nombre del concurso, está plagado de vueltas de tuerca, es una novela que todo el tiempo sorprende al lector.

Además tiene varios niveles de lectura, me refiero a que confronta la creencia tradicional de lo que debe contener una novela negra como son los personajes estereotipados envueltos en un conflicto grandioso que deben resolver; además de tener esas características, mi novela también está hecha con personajes de bajo perfil y varios conflictos pequeños, pero que resultan muy interesantes.

¿Cuál es la idea central de tu novela?

Así como las experiencias cotidianas, familiares y sociales, forman a las personas, las lecturas hacen ser a las personas lo que son; mi novela trata de demostrar eso, que la literatura forma a las personas, pues eso fue precisamente lo que me sucedió a mí.

¿Crees que la novela negra esté agotada o tiene más vida por delante?

El género negro sigue interesando y tiene muchas posibilidades todavía, en primer lugar porque la muerte y el crimen nos rodean todo el tiempo, y en segundo lugar porque este género exige a los autores experimentar con nuevas alternativas para llevarlo adelante.

 

 

 

 

Mujeres asesinadas o Tortura y mutilación en tiempos del narco

El número de mujeres asesinadas, independientemente del móvil y el mecanismo, crece de manera galopante en México, así lo denuncian actualmente decenas de organizaciones. Ya ni hablar de las muertas de Juárez que es, ha sido y será el caso paradigmático de la violencia contra la mujer como sistema, institución y cultura. La gravedad de los crímenes cometidos contra la mujer, y digo mujer porque me parece que la violencia contra una mujer debe ser percibida, por ética y principio, como violencia contra el género mismo por las proporciones del caso, es uno: que muchos de estos homicidios son tratados con desdén, apatía o negligencia por parte de las autoridades encargadas de procurar la justicia, dos: que por lo anterior muchos de estos casos quedan impunes, y 3: que el perpetrador casi siempre es un hombre. Particularmente vulnerables son las mujeres dedicadas a oficios que representan ganancias económicas elevadas e inmediatas, y por qué no, emocionales también, como el servicio sexual en todas sus variables, llámense escorts ejecutivas o simplemente putas, o incluso el de bailarinas eróticas o teiboleras. Evidentemente la mujer que decide de manera libre y conciente ejercer estos trabajos (y no hablo del delito de trata de personas que es muy distinto) , porque sí señores, es trabajo, fuerza de trabajo sexual que en México y muchos otros países no tiene la relevancia ni la regulación ni la justicia social que merece y que sí tiene en otros países como Holanda o Alemania, donde las sexoservidoras están organizadas y tienen los mismos derechos y obligaciones ante el Estado que cualquier otro ciudadano. Pero la situación de las mujeres marginadas en América latina es todo lo contrario, es, diría yo sin temor a usar adjetivos exagerados o escandalosos: espeluznante y vergonzoso. En pleno 2009, cuando se organiza en Mérida, Yucatán, la V Olimpiada Internacional de Física o cuando la opinión del Premio Nobel mexicano Mario Molina se deja escuchar en los foros académicos mundiales, haya tanto odio y desprecio a la mujer en este país, haya hombres que las traten como seres inferiores, o peor, como objetos desechables de placer efímero o puro valor utilitario, y con el terrorífico cinismo de saberse intocables, incluso con "la razón" o como depositarios del monstruoso placer que podría haber significado la obra macabra que aparece en la secuencia fotográfica siguiente. Vaya un homenaje a las mujeres que trabajan con su cuerpo y que son víctimas de la brutal y absurda violencia masculina.

La víctima:
"...pero ya no termina la frase porque siente unas manos fuertes y de venas resaltadas que la inmovilizan, la punta de algo que le pica el cuello; el resoplido de una nariz, que de poder verla está segura de que ya no le recordaría a su primo, que exhala furia; y sabe, ahora está segura de que sí, de que su mamá siempre tuvo razón, que una es la más estúpida."

La amiga:
"El jadeo que te produce el esfuerzo dificulta incluso tus pensamientos. Con trabajo llegas hasta la puerta de tu piso. Te limpias el sudor de la frente, abres la puerta y ahí, en medio de tu cuarto de estar, en el piso, a menos de tres metros de ti, está un tío en cuatro patas, como un lobo arriba de un ciervo, mirándote. Está cubierto de sangre, mirándote, gime, mirándote. Y debajo de él está el cadáver de una mujer, ¿Betty? No, no puede ser Betty. El hombre comienza a incorporarse, te mira, no te quita la vista de encima. Sus ojos parecen resplandecer entre el rojo sangre que cubre su cara. Tú das unos pasos hacia atrás. El hombre te mira, camina hacia ti, se acerca, das media vuelta y corres, corres. Dios, qué acabas de ver. No es posible. Los peldaños están bajo tus pies, y los recorres sin pensar. No puedes pensar en nada. La fiera viene detrás."

El policía:
"Tenemos la obligación de siempre dar crédito e investigar para llenar el reporte, así que la acompañamos hasta su piso. Me sentía ridículo, creía que la tía estaba flipada y lo había inventado todo. Sin embargo, mi compañero y yo seguimos el protocolo, tomamos todas las precauciones del caso, y tal y como creíamos nos encontramos con un piso como cualquier otro, sólo que en éste nos tenían de regalo el cadáver descuartizado de una mujer. Y entonces supe que sí había un loco, pero que estaba prófugo, confundiéndose entre la gente. El lugar era pequeño, con una sola recámara, en orden, con cosas de mujer. En el cuarto de baño, minúsculo, que olía a humedad, había rastros de sangre. El lavamanos estaba manchado de rojo y el jabón tenía espuma rosa. En el piso, había un charco marrón y una toalla manchada. Por más empeño que haya puesto en limpiarse el tío, no pudo haber quedado impecable. No me lo podía imaginar caminando, a plena luz del día, con sangre seca, sudoroso, agitado. Alguien tuvo que haberle visto, ¿qué pensaría ese alguien? Lo más seguro es que nada. Hoy en día, a la gente nada le importa. Nadie quiere involucrarse, nadie da nada a cambio de nada. Es muy difícil que las víctimas denuncien. Tienen miedo y prefieren quedarse con su dolor. Ya no se diga cuando se trata de testigos."

La reportera:
"Abrí la puerta y lo que vi me demostró que estaba en un error, que no, que no estaba acostumbrada, jamás lo estaría ante algo similar. Muchas veces he visto cuerpos mutilados, desmembrados, vísceras ennegrecidas y embarradas en los neumáticos de un automóvil, restos de una última cena revueltos con materia fecal e intestinos en una carrocería, pero siempre estas imágenes son producto de un accidente, de un desafortunado cruce de casualidades, de negligencia, de destino. Jamás había visto una escena de este tipo sabiendo que eso había sido obra humana, que unas manos, un cerebro, una conciencia similares a los míos habían sido capaces de hacer algo así."

 *Fragmentos de la novela "Muerte Caracol", de la escritora mexicana Ivonne Reyes, reproducidos con permiso de la autora.

Literatura del narco (Corregido y aumentado)

Decomiso de arsenal en Guatemala el 25 de marzo de este año y captura de Daniel Pérez Rojas, alias El Cachetes, presunto líder de Los Zetas en esa plaza.

A continuación y por petición popular, algunas recomendaciones de libros que abordan, ya sea de manera ficticia o periodística, el tema del narcotráfico. El número de títulos sobre este asunto crece a diario, por lo que esta lista no pretende ser absoluta, sólo menciona algunos que ya son clásicos y otros que son esenciales.

Sobre el narcotráfico en México hay que remitirse a 4 libros escritos por Ricardo Ravelo, reportero veterano de la revista Proceso, editados por Plaza y Janés: Los capos: Las Narco Rutas de México (la mutación del narcotráfico rural al empresarial); Los Narcoabogados (el título lo dice todo); Crónicas de Sangre (sobre los Zetas, ex militares de elite convertidos en operadores y gatilleros del narco); y La Herencia Maldita (el narco, la piedra en el zapato de todos los presidentes).

De igual forma hay que revisar los libros de Jesús Blancornelas, legendario periodista mexicano que sobrevivió a un atentado del cartel de los Arellano Félix: El Cartel; y En Estado de Alerta: Periodistas y Gobierno frente al Narcotráfico.

Dos libros bastante nuevos son Con la muerte en el bolsillo / Seis desaforadas historias del narcotráfico en México, de los periodistas María Idalia Gómez y Darío Fritz (no ficción); y La reina del Pacífico y otras mujeres del narco, del periodista Víctor Ronquillo (ficción basada en hechos reales), así como Sicario, diario del diablo, de Ediciones B., ficción, del mismo autor, recién salido de las prensas, pero no lo hemos leído, así que si alguien ya lo hizo, díganos qué les pareció.

También coloco aquí mismo un enlace directo a las reseñas ya publicadas en este blog sobre las novelas La Reina del Sur, del español Arturo Pérez Reverte; y El Amante de Janis Joplin, de Elmer Mendoza; así como La Virgen de los Sicarios, del colombiano-mexicano Fernando Vallejo.

Canasta de escritores policiacos, Volumen 2

Como lo prometido es deuda, he desempolvado para traer a este espacio tres excelentes novelas que los fanáticos del género negro no pueden dejar de leer. Las comento en ningún orden específico.

La primera es El Complot Mongol (1969), del mexicano Rafael Bernal, una historia policiaca con altas dosis de suspenso, violencia, cadáveres, conjura internacional y hasta amor, ambientada en aquella Ciudad de México de los cafés de chinos, hombres empistolados con gabardinas y sombreros, calles lluviosas, y autos enormes. Sin duda una novela clásica y muy moderna para su época a pesar de su estructura líneal y sin grandes pretensiones estilísticas.

La segunda, editada curiosamente el mismo año que la anterior, es El Apando, del maestro José Revueltas. Una claustrofóbica novela corta que narra la vida tras las rejas, en el Palacio Negro de Lecumberri --esa tétrica e infausta prisión porfiriana de la que el mismo Revueltas fue huésped honorario, preso político de la dictadura diazordazista--, de tres de sus reclusos. Obviamente el lector hallará en los personajes, las imágenes, las metáforas, las acciones y los entrelineados de esta obra una crítica social implacable y un retrato descarnado de la humanidad extrema, marginada, explotada, oprimida, sobre la que siempre escribió Revueltas. El mundo de los juzgadores y los juzgados, de los verdugos y los penitentes. Una novela de gran actualidad.

La tercera es El Vuelo de la Reina (2002), del periodista argentino Tomás Eloy Martínez, una novela sobre los pecados capitales, el poder y el periodismo. Un editor obesionado con una reportera de su diario y que no se conforma con tenerla, sino que llega al extremo bizarro de... No les platicaré el final.