Categoría: Gore
La sugerencia semanal del editor de este blog es el video de esta bandita canadiense de hard rock neopunk y como quieran llamarle: zombies, gore casero, chica guapa al micrófono, un bajo electrizante y una batería demoledora. Disfrútenlo
Sólo diremos aquí que esta noticia, ya vista como normal, ocurrió este año en Uruapan, Michoacán, una plaza disputada por narcogrupos denominados "Los Zetas" y "La Familia". Dos cadáveres de sexo masculino, atadas las manos, vendados los ojos, torturados y descuartizados. Uno de ellos con los genitales mutilados. Estas imágenes obligan al laconismo del mensaje. Explicar el brutal mensaje a través de una leyenda escrita con plumón en una cartulina resulta reiterativo, pero así es la propaganda, la moderna estrategia de medios de las narcomafias del siglo 21 que comprueba la tesis de Giovanni Sartori y su "Homo Videns", el hombre que aprende y vive a través de las imágenes. Es el nuevo terrorismo, pero no es diferente al tradicional, es el tormento de la Santa Inquisición, es la crucificción romana, es la mutilación musulmana, es el empalamiento al estilo de Vlad Tepes, el emperador de Valaquia, es el sacrificio azteca, es el desmembramiento de condenados o enemigos en diferentes regímenes y épocas por medio de caballos, es la guillotina francesa, el sable japonés, la cimitarra árabe, (exhibir las cabezas cortadas es una costumbe antigua y fue vista como un acto normal), es el gas Zyklon B de las cámaras nazis, es la carnicería desbocada cuerpo a cuerpo entre Tutsis y Hutus, es el secuestro, la tortura y la desaparición promovidas y ejecutadas por las dictaduras, es el genocidio y el crimen en masa de las bombas de napalm de EU sobre Vietnam o de los misiles sobre Iraq... es la historia universal contada a través de sus métodos de tortura, ejecución o exterminio, es la violencia extraída de los códices, los libros y la tradición oral transmitida en vivo vía satélite o por internet, es el odio, el poder, la arrogancia, la estupidez, la destrucción del hombre por el hombre. "Es México mis valedores", diría el buen Tomás Mojarro.
El número de mujeres asesinadas, independientemente del móvil y el mecanismo, crece de manera galopante en México, así lo denuncian actualmente decenas de organizaciones. Ya ni hablar de las muertas de Juárez que es, ha sido y será el caso paradigmático de la violencia contra la mujer como sistema, institución y cultura. La gravedad de los crímenes cometidos contra la mujer, y digo mujer porque me parece que la violencia contra una mujer debe ser percibida, por ética y principio, como violencia contra el género mismo por las proporciones del caso, es uno: que muchos de estos homicidios son tratados con desdén, apatía o negligencia por parte de las autoridades encargadas de procurar la justicia, dos: que por lo anterior muchos de estos casos quedan impunes, y 3: que el perpetrador casi siempre es un hombre. Particularmente vulnerables son las mujeres dedicadas a oficios que representan ganancias económicas elevadas e inmediatas, y por qué no, emocionales también, como el servicio sexual en todas sus variables, llámense escorts ejecutivas o simplemente putas, o incluso el de bailarinas eróticas o teiboleras. Evidentemente la mujer que decide de manera libre y conciente ejercer estos trabajos (y no hablo del delito de trata de personas que es muy distinto) , porque sí señores, es trabajo, fuerza de trabajo sexual que en México y muchos otros países no tiene la relevancia ni la regulación ni la justicia social que merece y que sí tiene en otros países como Holanda o Alemania, donde las sexoservidoras están organizadas y tienen los mismos derechos y obligaciones ante el Estado que cualquier otro ciudadano. Pero la situación de las mujeres marginadas en América latina es todo lo contrario, es, diría yo sin temor a usar adjetivos exagerados o escandalosos: espeluznante y vergonzoso. En pleno 2009, cuando se organiza en Mérida, Yucatán, la V Olimpiada Internacional de Física o cuando la opinión del Premio Nobel mexicano Mario Molina se deja escuchar en los foros académicos mundiales, haya tanto odio y desprecio a la mujer en este país, haya hombres que las traten como seres inferiores, o peor, como objetos desechables de placer efímero o puro valor utilitario, y con el terrorífico cinismo de saberse intocables, incluso con "la razón" o como depositarios del monstruoso placer que podría haber significado la obra macabra que aparece en la secuencia fotográfica siguiente. Vaya un homenaje a las mujeres que trabajan con su cuerpo y que son víctimas de la brutal y absurda violencia masculina.
La víctima:
"...pero ya no termina la frase porque siente unas manos fuertes y de venas resaltadas que la inmovilizan, la punta de algo que le pica el cuello; el resoplido de una nariz, que de poder verla está segura de que ya no le recordaría a su primo, que exhala furia; y sabe, ahora está segura de que sí, de que su mamá siempre tuvo razón, que una es la más estúpida."
La amiga:
"El jadeo que te produce el esfuerzo dificulta incluso tus pensamientos. Con trabajo llegas hasta la puerta de tu piso. Te limpias el sudor de la frente, abres la puerta y ahí, en medio de tu cuarto de estar, en el piso, a menos de tres metros de ti, está un tío en cuatro patas, como un lobo arriba de un ciervo, mirándote. Está cubierto de sangre, mirándote, gime, mirándote. Y debajo de él está el cadáver de una mujer, ¿Betty? No, no puede ser Betty. El hombre comienza a incorporarse, te mira, no te quita la vista de encima. Sus ojos parecen resplandecer entre el rojo sangre que cubre su cara. Tú das unos pasos hacia atrás. El hombre te mira, camina hacia ti, se acerca, das media vuelta y corres, corres. Dios, qué acabas de ver. No es posible. Los peldaños están bajo tus pies, y los recorres sin pensar. No puedes pensar en nada. La fiera viene detrás."
El policía:
"Tenemos la obligación de siempre dar crédito e investigar para llenar el reporte, así que la acompañamos hasta su piso. Me sentía ridículo, creía que la tía estaba flipada y lo había inventado todo. Sin embargo, mi compañero y yo seguimos el protocolo, tomamos todas las precauciones del caso, y tal y como creíamos nos encontramos con un piso como cualquier otro, sólo que en éste nos tenían de regalo el cadáver descuartizado de una mujer. Y entonces supe que sí había un loco, pero que estaba prófugo, confundiéndose entre la gente. El lugar era pequeño, con una sola recámara, en orden, con cosas de mujer. En el cuarto de baño, minúsculo, que olía a humedad, había rastros de sangre. El lavamanos estaba manchado de rojo y el jabón tenía espuma rosa. En el piso, había un charco marrón y una toalla manchada. Por más empeño que haya puesto en limpiarse el tío, no pudo haber quedado impecable. No me lo podía imaginar caminando, a plena luz del día, con sangre seca, sudoroso, agitado. Alguien tuvo que haberle visto, ¿qué pensaría ese alguien? Lo más seguro es que nada. Hoy en día, a la gente nada le importa. Nadie quiere involucrarse, nadie da nada a cambio de nada. Es muy difícil que las víctimas denuncien. Tienen miedo y prefieren quedarse con su dolor. Ya no se diga cuando se trata de testigos."
La reportera:
"Abrí la puerta y lo que vi me demostró que estaba en un error, que no, que no estaba acostumbrada, jamás lo estaría ante algo similar. Muchas veces he visto cuerpos mutilados, desmembrados, vísceras ennegrecidas y embarradas en los neumáticos de un automóvil, restos de una última cena revueltos con materia fecal e intestinos en una carrocería, pero siempre estas imágenes son producto de un accidente, de un desafortunado cruce de casualidades, de negligencia, de destino. Jamás había visto una escena de este tipo sabiendo que eso había sido obra humana, que unas manos, un cerebro, una conciencia similares a los míos habían sido capaces de hacer algo así."
*Fragmentos de la novela "Muerte Caracol", de la escritora mexicana Ivonne Reyes, reproducidos con permiso de la autora.
Es un fragmento de la película gore cómica de 1987, "Bad taste", del director neozelandés Peter Jackson, más famoso por El señor de los anillos. De hecho, es el zombie que come el cerebro de un cadáver con ayuda de una cuchara. Gracias a la Princesa Gato por esta fina recomendación.
Por Enrique Morán M.
Cadáveres desmembrados y masas sanguinolentas entre los restos de vehículos accidentados son solo una pequeña parte de la colección fotográfica de un artista japonés, quien hace unos días estuvo en México para ampliar su acervo gráfico.
Cargando únicamente su cámara fotográfica, Tsurisaki Kiyotaka ha viajado por el mundo en busca de los elementos que le permiten expresar su arte: los muertos.
Ha tenido éxito tanto en su país natal como en otras naciones, pues además de sus fotografías, el artista produce documentales en video como el de Orozco El Embalsamador, que fue galardonado en Canadá y Colombia.
Kiyotaka nació en 1966 en Toyama, Japón y estudió literatura en
En busca de cadáveres mexicanos
El japonés decidió visitar México luego de un viaje a Colombia.
"Yo sabía que en México existía una cultura de la muerte, que era muy especial y era muy importante para mí venir a México", señaló.
Una de las imágenes que más impacto ha tenido en la carrera de Kiyotaka es la mano de una mujer cercenada en un accidente automovilístico. Esa fotografía fue tomada por el japonés en el Periférico de
El japonés se sorprendió en su última visita a México hace unos días al hallar en los puestos de Tepito copias pirata del documental Orozco El Embalsamador.
"El documental fue grabado en Colombia y editado en Japón, no tengo idea cómo llegó a Tepito", dijo Kiyotaka.
Esa obra participó en el Festival Internacional del Cine del Mañana, en Montreal, Canadá, en el 2001 y en
El video, que se adquiere vía internet, cuesta 59 dólares, pero en Tepito vale 20 pesos.
"Me siento orgulloso que mi obra se venda en México aunque sea de forma pirata y no me paguen derechos. Así es México y yo lo entiendo", dijo.
Del porno a la nota roja
Los inicios de la carrera de este artista se remontan al año de 1994, cuando Kiyotaka era director de películas pornográficas en Tokio. Luego fue contratado por el editor de una revista de sadomasoquismo. Su misión era viajar al extranjero para tomar fotografías de cadáveres y publicarlas en la revista como elementos de violencia.
El primer país que visitó fue Tailandia, donde tuvo contacto con la nota roja y le tomó gusto.
"En Tailandia hay una cultura de la muerte similar a la de México. Hay revistas de nota roja y periódicos parecidos a los de México", dijo Kiyotaka.
"Desde el primer muerto que fotografié, supe que esa era mi vocación".
A partir de ese momento, decidió convertirse en fotógrafo de muertos.
"El artista tiene que buscar su último objetivo. Entonces, yo como artista, tengo como último objetivo al muerto".
Kiyotaka trabaja de manera independiente y publica sus fotos en revistas subterráneas en Japón y comercializa sus documentales en DVD por Internet.
Cada año, Tsurisaki monta una exposición de sus fotografías en Japón. Recientemente lo hizo en Francia. Su obra es editada por una editorial francesa.
Ha retratado cadáveres en Tailandia, Colombia, Rusia, México, Brasil, Palestina y
"Los
Dentro de sus proyectos está una película de ficción y el próximo año publicará dos DVD con el material reunido en el 2007.
El 6 de septiembre del 2006, hombres armados y encapuchados tiraron cinco cabezas humanas en la pista de baile del bar Sol y Sombra de Uruapan, Michoacán, junto con un letrero: "La familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes. Sólo muere quien deve (sic) morir. Sepanlo toda la gente. Esto es: justicia divina".
Desde sus dominios geográficos y sociales, la lógica y la retórica del crimen organizado se difunden en el escenario nacional e internacional por medio de la prensa.
No conforme con los mensajes tácitos o implícitos enviados a sus enemigos (rivales de negocio o gobierno) a través de personas ejecutadas, ahora decapita y exhibe las cabezas, y luego ensaya la variante de colgar mantas en la calle y sembrar granadas rotuladas en lugares públicos del DF, cuyas autoridades se niegan a admitir, todavía, que el narco ya opera en la Capital.
El indirecto manipuleo de los medios de comunicación demuestra la eficacia de la mafia mexicana para conseguir el objetivo de los terroristas con sus actos: difusión y propaganda.
Los secuestros y asesinatos en masa ya no sólo ocurren en Iraq, las decapitaciones y mutilaciones no son monopolio de Al Qaeda, de Kaibiles, de Maras, de tribunales islámicos o gobiernos asiáticos, las emboscadas a convoyes militares y policiacos no se perpetran sólo en Sri Lanka, Cachemira, Filipinas o Colombia. El narco mexicano evoluciona, se sofistica, se adapta a los tiempos globalizados y acapara la primera plana de la nota roja.
Los ataques armados y atentados contra militares, policías, ministerios públicos, funcionarios, alcaldes, diputados, cuarteles, agencias investigadoras, periódicos, levantones masivos y ejecuciones selectivas, sugieren un sesgo del narco tradicional hacia tácticas de guerrilla urbana y terrorismo para desmoralizar y atemorizar a civiles y uniformados. Desestabiliza y crea una anarquía que los favorece.
En Michoacán, Sinaloa, Coahuila, Sonora, Tamaulipas, Baja California, Tabasco, Guerrero y Quintana Roo cientos de mandos y policías que han sobrevivido a las balas y sentencias del crimen organizado, han renunciado, desertado o han sido tratados como delincuentes.
Tras dos atentados con granadas, el diario Cambio, de Sonora, decidió cerrar. Amado Ramírez, veterano corresponsal de la cadena Televisa en el puerto de Acapulco, fue acribillado.
Sin poder o sin querer ver más allá de su nariz, el presidente Felipe Calderón, justifica el sacrificio de vidas, despilfarra presupuesto y pierde valioso tiempo dando palos de ciego en una “guerra” que ya ha perdido sin siquiera haberla iniciado.
Al ordenar al Ejército intervenir en el combate al narcotráfico, Calderón decide jugar la carta que a su juicio le parece más contundente, pero que resultará ser la menos inteligente en cuanto a análisis de información y diseño de estrategias se refiere.
Con la promesa de mejores sueldos y prestaciones, Calderón manda por delante en su cruzada a los soldados como improvisados policías que a la postre serán hombres prescindibles, carne de cañón.
Anuncios de radio y televisión del gobierno calderonista insisten en que el Ejército salvará a México de sus males y machacan con la idea de que así las drogas ya no entrarán a las casas de los mexicanos para envenenar a sus hijos y que desparecerán los traficantes alrededor de las escuelas.
Nada más falso y simplista.
Al regirse con leyes propias, el Ejército goza de inmunidad e impunidad cuando comete delitos, homicidios y abusos de autoridad como ya está ocurriendo en varias zonas del País.
La soberanía también está en riesgo. El gobierno de Estados Unidos se ha mantenido muy activo emitiendo declaraciones en torno a las noticias de la narcoviolencia en México. L
Otra mentira de la campaña calderonista: las drogas, los traficantes y su consumo no están en los alrededores de las escuelas, ya están dentro de las escuelas, públicas y privadas.
Otro engaño: las drogas no están fuera de las casas de las familias mexicanas, ya están dentro de ellas, en colonias ricas y pobres.
Otro embuste: las drogas no están en las calles: están en todas las fiestas y reuniones de adolescentes y adultos en todos los niveles sociales y económicos.
Calderón repite el gastado y hueco discurso de todos sus antecesores, priistas y panistas.
¿Acaso el asunto de las drogas no es también de Educación, Desarrollo Social, Salud, Cultura, Deporte, Trabajo, Economía? ¿Los diputados y los senadores tienen algo que decir al respecto? ¿Serán tan brillantes como para discutir algún día los pros y contras de una despenalización de la producción, compra, venta y consumo de algunas drogas?
Hay un problema grave de seguridad nacional y éste no será resuelto a corto plazo, pero si no se actúa ya de forma integral y novedosa, la vulnerabilidad del Estado será cada vez más notoria, y sobre todo peligrosa.
Mientras todo el dinero, el esfuerzo, la sangre y la inteligencia se enfoque sólo a la inmediatez de los síntomas y no a la enfermedad, la narcoviolencia seguirá siendo la ley en México.
Suerte en su “guerra”, señor presidente, la va a necesitar.

