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Terra
La Coctelera

Categoría: Diarios y revistas

Las boludeces de Felipe Calderón o la angustia presidencial de mitad del sexenio

El Presidente de México ha decidido quemar el cartucho que suelen disparar en caso de emergencia todos los presidentes, tanto del PRI como del PAN, para capotear la violencia rampante que padecen los mexicanos: echarle la culpa a la prensa de los problemas que él no sabe o no quiere, pero que por mandato de ley está obligado a resolver.
Calderón, como cada presidente en turno, ya usó la tribuna de un evento oficial para acusar que los periodistas son los culpables de las barbaridades de los narcotraficantes y de paso sugiere que los medios de información deberían dejar de ser espejos, heraldos, de la sangrienta y terrorífica realidad mexicana, y que hablen de lo bonito, lo seguro, lo justo, lo culto y lo honesto que es México, como la línea que le tira a los embajadores.
El asunto no es menor, dado que el grado de la percepción, real o subjetiva, de la inseguridad interna es inversamente proporcional a la inversión extranjera. Se agrega el componente económico, de dinero pues, que es lo que le interesa al presidente. Es decir, Calderón le está pidiendo a la prensa mexicana que oculte las montañas cadáveres y le mienta a los extranjeros para beneficiar México y a sus habitantes, a pesar de que los únicos que se benefician actualmente son los políticos, los gobernantes y sus incondicionales empresarios.
Tremendo caradura y gilipollas demuestra ser este inepto abogado por pretender tapar el sol con un dedo. Su reacción es como el clásico arrebato infantil que consiste en cubrirse los ojos o los oídos para aislarse del entorno y no enterarse de algo o alguien que lo interpela.
Pero hoy sí se voló la barda retando a proponer soluciones a quienes critican la guerra contra el narco y la ineficacia del gobierno de derecha nauseabunda que él encabeza.
Muchas veces, muchas personas y grupos han insistido hasta el cansancio en que el remedio inmediato a los problemas derivados del tráfico ilegal de narcóticos es su liberalización parcial y controlada por el Estado mismo, arrebatarle el negocio a los narcos y administrarlo y gravarlo en beneficio del país y su desarrollo. Lo han dicho Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y 1 millón de personas y organizaciones más de todas nacionalidades y especialidades en diferentes momentos, pero en similares situaciones.
Testarudo o cobarde debe ser alguien para no asumir su responsabilidad histórica en un momento coyuntural como el que atraviesa México, por eso a Calderón le calza bien la máxima de "no hay peor ciego que el que no quiere ver", pero en este entierro Barack Obama también tiene una vela, ¿o no?

La nota roja viaja en METRO

Foto: AFP

De testigos a protagonistas

Durante su trabajo cotidiano, muchos periodistas se topan con la disyuntiva, con la necesidad moral, con el instinto, de intervenir en los hechos que cubren, principalmente en aquellos donde está presente la desgracia humana. La resolución del conflicto está en el criterio del periodista y se trata de una decisión libre e individual que no tiene nada que ver con la ética profesional. Ejemplos existen muchos. Aquí presentamos dos pequeños casos de fotorreporteros mexicanos que cruzaron la línea del deber y pasaron de testigos a protagonistas de la noticia: uno de ellos, Enrique Metinides, el decano del fotoperiodismo mexicano.

Junto a un socorrista de la Cruz Roja, Enrique Metinides carga a un niño herido hacia una ambulancia luego de un accidente vehicular ocurrido en la Ciudad de México en 1972.

El fotógrafo Martín Urista (playera roja) arriesgó la vida al rescatar a un niño que segundos se ahogaba en la presa Sanalona.

"Cuando vi que se ahogaba, pensé ahorita llegan rápido a ayudarlo y yo tomo la foto del rescate, pero tardaron y miré que se hundió y ya no salió mientras su madre lloraba desesperada sin poder ayudarlo, no pude con eso y dejé mi cámara y me aventé con todo y zapatos, y lo pude salvar gracias a dios, su mamá me estuvo agradeciendo en todo momento", relató Martin Urista Morales, reportero gráfico del diario El Debate de Sinaloa, luego de salvar a un niño que se ahogaba en la Presa Sanalona de Culiacán, Sinaloa, el 23 de marzo de este año.
Esta mención viene al caso por la polémica del papel del periodista frente a los hechos que cubre y que fue desatada por la fotografía del buitre acechando a un niño africano agonizante hecha por el difunto fotorreportero Kevin Carter, cuya historia narramos en Nota Roja: "El buitre y el fotógrafo" e "Informar ante todo, incluso ante un niño muriendo".
El periodista convertido en rescatista fue blanco en años anteriores de amenazas y agresiones por dar testimonio con su trabajo de abusos y delitos cometidos por agentes de la autoridad en su estado.

Se buscan periodistas

Retomo una crítica al periodismo norteamericano contemporáneo (que puede aplicarse al latinoamericano) aparecida en uno de los artículos del indispensable sitio www.elboomeran.com, que actualmente hospeda un seminario de periodismo y literatura, abierto al público en general, donde el video de la entrevista con el reportero de guerra Jon Lee Anderson, vale oro.
«El periodista actual es el comentarista de televisión que en un juicio por asesinato declara que hay culpabilidad y habla de la máxima pena antes de que se hayan visto las pruebas. O es una estrella femenina de alguna cadena de televisión con un sueldo multimillonario que pretende brevemente entender los problemas de los trabajadores».
Extracto del libro Journalism Under Siege in the Age of New Media, de Neil Henry.
El artículo completo (y otros más igual de interesantes para periodistas, comunicólogos y literatos) aparece en el sitio www.elboomeran.com.

La muerte nos arranca el disfraz...


Foto de Enrique Metinides. Serie. Mujer abandona el Semefo cargando el ataúd con el cuerpo de su hijo.

"A todos, de pequeños, nos gustaba jugar a disfrazarnos. Y de mayores no dejamos de hacerlo, aunque ya no lo llamamos juego. Sólo hay que abrir el periódico al azar para entrar en un escenario de lo más variado: personas adultas disfrazadas de soldados o policías, de reyes y princesas, de artistas, de pobres y ricos... Quizá la muerte es la única capaz de arrancarnos el disfraz, y cuando la observamos, en primera plana o en las páginas interiores, nos hace volver la cara por su falta de ropaje, por su crudeza insportablemente real".

CAÑELLES, Isabel. La construcción del personaje literario.

Foto tomada del libro "Revelations" del artista japonés Tsurisaki Kiyotaka.

El Nuevo Alarma!, Únicamente la Verdad

Después de un largo paréntesis regresa la revista Nuevo Alarma! en su versión de internet con un par de artículos de nuestro colega Enrique Morán, casos que hicieron historia, edición impresa en formato PDF y otras secciones enmarcadas por supuesto en la famosa estética y los clásicos colores que han distinguido a esta escandalosa y nauseabunda publicación que hace las delicias de chicos y grandes en México y en el mundo, y que no sólo se ha convertido en objeto de culto, sino de inspiración artística y referencia obligada para investigadores de lo escatológico (en los dos sentidos que nos marca el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, claro: las cosas de ultratumba y las excrementicias). Está de más decir que fue literatura de cabecera durante mi accidentado y delictivo paso por la escuela secundaria. Click en la imagen para ir al sitio!

El cadáver de María Luisa, La Poquianchis

Por Enrique Morán

La sensacional historia de Las Poquianchis tuvo un triste final para las hermanas González Valenzuela, quienes luego de ser capturadas y acusadas de lenocinio y homicidio, acabaron sus días ancianas, enfermas y en condiciones miserables dentro de la cárcel.

El 21 de noviembre de 1984, la Revista Alarma publicó la muerte de María Luisa González Valenzuela, también conocida como Eva La Piernuda, quien fue hallada sin vida en su celda de la prisión municipal de Irapuato, Guanajuato, víctima de la indolencia social y gubernamental.
Tal y como lo dio a conocer en su momento la corresponsal Juana Flores Velasco, María Luisa González Valenzuela, de 85 años de edad, murió de un cáncer hepático y úlcera duodenal, de acuerdo al dictamen del servicio médico forense.
Aparentemente los últimos minutos de su vida, “Eva” los pasó sola, pues su cuerpo presentaba golpes de supuestas caídas y se presume que trató de arrastrarse para pedir ayuda. La mujer no era visitada por nadie, pues sus mismas compañeras reclusas sabían que La Poquianchis
era una persona irritable.
Maria Luisa, al igual que sus hermanas, purgaba una pena de cuarenta años de prisión por los cargos de lenocinio, secuestro y homicidio calificado, pero la edad, las enfermedades y una defensa inexistente, no les permitieron salir con vida de la cárcel. Murió sola, sin recibir atención médica especializada y sin la asesoría legal que le pudo haber permitido gozar de una libertad anticipada debido a su edad avanzada, estado de salud y buena conducta.

La celda de Maria Luisa era un pequeño espacio donde sólo había trapos sucios, restos de comida echada a perder y algunos trastes viejos. La inmundicia de su morada contrastaba con los lujos que tuvo cuando administraba con sus hermanas los exitosos prostíbulos que las hicieron famosas en el Bajío y tras lo cual se convirtieron en blanco del escarnio colectivo.
Se documentó que al sepelio de María Luisa, La Poquianchis, acudieron sólo dos personas: su cuñado y una sobrina. Su cuerpo fue enterrado en una modesta fosa de un panteón en Irapuato.

Fotos: Revista Alarma

Reporteros nocturnos

El colega Iván nos envía una probadita en video sobre el trabajo que realizan los fotógrafos de la fuente policiaca por las noches en la Ciudad de México. Click sobre la foto para ir al video:


Foto: El Master