Diego Santoy. Foto AP
Por Enrique Morán
El caso de Diego Santoy tuvo mucho auge en los medios de comunicación por varios factores.
Diego es un muchacho de clase media alta, un joven bonito, güerito que bien podía aparecer en las páginas de sociales de cualquier periódico. Diego tenía todo lo que cualquier adolescente podía aspirar: dinero, estudios, una familia que lo apoyaba y una hermosa novia. Las víctimas de Santoy eran hijos de una conocida conductora de televisión en Monterrey, en fin, pura gente bonita fue el elenco de esta historia policiaca. Este perfil hizo que este asesino lograra aprobar el casting necesario para ocupar las noticias principales en la televisión. Diego podía bien ser el actor de su propia película, el chavo, gracias a la publicidad obtenida en los medios, ya hasta un club de fans tiene en internet y por allí aparece en un juego interactivo de la red con todo y su cuchillo.
La gravedad de su crimen pasa a segundo término, y Televisa se centra más en un escándalo sexual muy al estilo del caso Gloria Trevi, donde hasta la suegra de Santoy aparentemente tuvo que ver con el asesino, según el relato de Diego. Todavía recuerdo un crimen aún más desgarrador y sangriento como lo fue el de Orlando Magaña.
En total fueron siete personas asesinadas por Orlando, cinco integrantes de la familia Narezo Noyola y dos empleadas domésticas. Al igual que con Diego Santoy, hubo un sobreviviente que estaba moribundo y quien al final fue el que aportó información para la captura del homicida. ¿Qué pasó entonces con Orlando Magaña? ¿Por qué no se convirtió en una estrella de la televisión y hoy se encuentra en el olvido? Simple y sencillamente porque Orlando era gordo, feo, moreno, con pocos estudios, hijo de una familia de policías con oscuros antecedentes y sobre todo porque no era adinerado. Igual ocurre con el llamado Asesino de Chimalhuacán.
Los medios de comunicación poco o nada han reparado en la gravedad del caso y lo peor de todo es que las mujeres asesinadas siguen apareciendo. Las primitivas autoridades en Chimalhuacán no han podido o querido avanzar en la investigación. El fenómeno se repite, pues Chimalhuacán es un municipio olvidado donde impera la pobreza y desgraciadamente la ignorancia. Las mujeres asesinadas eran jovencitas obreras o estudiantes que poco interés despiertan en las pantallas de la televisión. ¿Tendrán que llegar a las 300 víctimas como en Ciudad Juárez para que le tomen la atención debida? ¿Tendrán que matar a una jovencita adinerada o bonita para que entonces sí se atiendan los crímenes?
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Mujer estrangulada en Chimalhuacán.
¿Habrá México inaugurado la era del asesino en serie azteca?
Por Adriana Degetau (texto publicado originalmente en la revista eletrónica 8Ochenta)
“Hallan a hombre muerto de un balazo en la nuca”, “Matan a mujer en asalto”, “Aparece cadáver en una construcción”. Estas noticias son de diario, basta con prender la televisión, o si se quiere llenar un poco más la dosis diaria compremos la nota roja. Con tantas noticias de estas al día la cosa ya no parece tan relevante. Pero ¿por qué la nota roja se vende tanto? Arturo Sánchez, periodista de nota roja y coeditor del periódico Metro, comenta en entrevista: “nos gusta la nota roja porque es la forma más simple y segura de estar frente a la muerte, y al mismo tiempo comprobar que seguimos vivos.”
Quien mata es un asesino*. Es señalado, acusado y encerrado. Si llegó más lejos, digamos que no mató a uno sino a varios, dependiendo el caso, se le aplica el castigo de la silla eléctrica o la inyección letal. Y esto porque matar es malo, es reprobable y condenable. Esto es cierto. La sociedad desde sus inicios se ha encargado de enseñarnos lo que se debe y no se debe hacer. La sociedad es necesaria. “Fue creada para aprovechar nuestros aspectos positivos de colaboración, altruismo e impulso vital”, explica Jesús Palacios, escritor y periodista español.
El ideal de Occidente es el bien. Nos hemos empeñado en seguir la teoría del “buen salvaje” de Rousseau y hemos dejado de lado la tendencia relativista de Voltaire o las oscuras advertencias de Sade. Pero ¿Es cierto que el hombre es bueno por naturaleza? Es bastante inocente creer que se puede vivir siempre en el bien. Es en este punto donde surgen los antihéroes de esta historia, personas que parecen normales y que un buen día (o malo más bien) nos sorprenden ante los medios, acusado de doble homicidio a sangre fría. Aquí entra Diego Santoy Riverol.
“El caso de Diego Santoy Riverol es interesante, primero, por la influencia mediática, y segundo, por su sordidez. El caso es raro y lo más importante es saber ver cómo lo toman los medios. Los medios pueden ensalzar a un criminal”, señala Arturo Sánchez. “La entrevista con Adela Micha fue en cualquier caso un linchamiento mediático. Es un ejemplo de lo que un periodista no puede y no debe hacer. No mantuvo distancia, juzgó frente a los medios (y no aportó nada nuevo, agrego yo). Ella más que conducirse como periodista fue más bien como juez, la manera como juega de tribunal y justicia por mano propia –es que Diego, no te creo ¿te das cuenta de lo que hiciste?, ¿estás arrepentido?, ¿pero, cómo pudiste?–.
La entrevista no debió haber ocurrido. Esta es una situación irregular, rara, anómala… el que un periodista pueda entrevistar a una persona sin ésta antes haber presentado una declaración, él no había sido consignado ni declarado ante un juez. Es claro que los medios por tener la exclusiva y subir rating interfirieron con el proceso. Este caso es histórico debido a que las diligencias se dan no en el juzgado sino en los medios de comunicación”.
Diego Santoy nos llama la atención porque tiene todos los ingredientes de un caso morboso. Estamos en la época en la cual el asesino en masa o en serie, el psychokiller, es ya una criatura de los medios de comunicación. Este se sirve de los medios y los medios de éste. Un crimen digno de entrar en la lista de los psychokillers mundialmente famosos no queda callado. Ahí estarán los escritores como Robert Bloch (Psicosis), Breat Easton Ellis (American Psycho) o Georges Bataille (El Verdadero Barba Azul), los directores cinematográficos Fritz Lang (M), Hitchcock (Psicosis), Sean S. Cunningham (Viernes 13), para hacer su crimen público. Ahí estará toda la audiencia para comprar el libro o para asistir a la sala de cine, dispuestos a deleitarse en las aventuras de su casi-héroe-moral, Hannibal Lecter.
Hoy por hoy hay un caso alterno de un asesino en serie en el municipio de Chimalhuacán que se cree que ha matado ya a diez mujeres. Pero ¿por qué no nos llama la atención (a nosotros y a los medios) tanto como el caso Diego Santoy siendo que sigue suelto y que tiene más víctimas? Porque Santoy es un tipo como tú y como yo, o al menos eso creíamos. Pero es capaz de llevar a la práctica cosas que apenas nos atrevemos a soñar en nuestras peores pesadillas. “Es más fácil creerle a un asesino en el cine que en una nota de periódico. Siempre que los entrevistan me parece que hay algo burdo en sus motivos. No se ven particularmente infelices: sus neurosis son iguales a las mías. Lloran con Bambi, se masturban de vez en cuando, se caen del pesero, se fletan las colas del banco. Las cajeras del Wal-mart los tratan igual de mal, quieren un auto del año y sacarse la lotería", dice Ira Franco, periodista. Y es cierto. Lo interesante del caso es lo inesperado, es la sorpresa. Es, como dijimos arriba, el antihéroe, “personas como usted, querido lector, y como yo. Sólo que en lugar de tomar el desayuno, ponerse el saco y viajar en metro, es muy posible que bajen al sótano y se dediquen a torturar a su tercera o cuarta víctima. O quizá tan sólo a jugar con los souvenirs que han sobrado tras la fiesta: restos humanos que devorar, conservar o utilizar como decoración”, escribe Juesús Palacios en su libro Psychokillers, anatomía del asesino en serie.
*La palabra asesino deriva de hashishin, consumidor de hachís, debido a que Hasán ibn Sabbah mandaba drogados a sus hombres (fanáticos asesinos) bajo el efecto del hachís. Hasan ibn Sabbah consiguió un enorme poder político basado en el asesinato y el terrorismo en Oriente Próximo en el siglo XII.
Nota de Arturo Sánchez: En una cosa coinicido con el espinito Hugo Chávez, Bush es el psychokiller non plus ultra.
servido por notaroja
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Foto de la habitación de Diego Santoy. ¿El letrero en la cabecera sería un presagio?
Los medios de comunicación deberían informar sin manipular lo que se transmitirá. Sin embargo sabemos que todas las televisoras quieren ganar "raiting" y olvidarse de la realidad.
Explotan todo el morbo posible, "mataviejitas" el "matahomosexuales" "el asesino de cumbres" ¿por qué ponerle motes y no llamarlos con sus nombres propios? Es con el fin de ganar más televidentes.
La verdad al principio veía mucho la noticia de Diego Santoy y los niños que fueron asesinados, pero dejé de darle seguimiento porque sólo estaban juegue y juegue las televisoras a ver quién podía tener la "mejor noticia" y no la "noticia real".
Sí, es lo que he estado pensando. Probablemente se esté bloqueando información importante. Como las elecciones, la corrupción, otros asesinatos en serie... Lo de Santoy y Coss es grave, sí, pero no es lo único que existe, además ese acto no afecta a toda la población mexicana, sino sólo a las dos familias. Lo que del caso del asesino de mujeres en la zona conurbada del DF (el estrangulador y violador en serie de Chimalhuacán) lo he visto sólo dos veces en las noticias, y eso sí afecta directamente a la sociedad mexicana, ya que a cualquiera puede tocarle y no es un acto aislado ni único como el caso Santoy.
La noticia de Santoy estremeció tanto no sólo por el hecho en sí, sino por las notas periodísticas que se hicieron sobre él.
Al pobre tipo ya lo fregaron tanto, y lo que me interesa no es él sino el resultado que ésto trajo consigo: odio hacia la familia.
Se ven las imágenes de personas en la calle gritando "asesino" y demás. Pero esto no fue de un día para otro que tengan el odio hacia Diego Santoy, sino fue gracias a lo que las televisoras están ocasionando. Sus estúpidas y absurdas preguntas en ambas entrevistas, las indirectas, las encuestas por teléfono, todo crea ese morbo, ese repudio hacia el chavo que asesinó. Pero, como dije, no sólo queda ahí, sino que afecta a la familia, la que no tiene qué ver con el asesinato de los dos niños.
Por Jordana
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Una de las decenas de fotos que Diego Santoy tenía de él y Érika Peña Coss en una pared de su cuarto.
Fragmento del artículo del criminólogo Rafael Ruiz Harrell publicado en el diario METRO de hoy:
Regreso, pues, a la afirmación de que hay otros factores que influyen de manera decisiva en la formación de la percepción pública. Uno de ellos es la comunicación horizontal, o sea lo que la gente se cuenta una a otra. En nuestra ciudad casi dos terceras partes de las personas con 18 años o más -el 63.0 por ciento-, han sido víctimas del delito cuando menos una vez, así que casi todo mundo tiene alguna historia desagradable o francamente terrible que contar.
No obstante, quienes más influencia ejercen en el temor popular son los medios, sobre todo la televisión. El carácter francamente amarillista de las grandes cadenas televisivas ha quedado de manifiesto con el triste homicidio de los niños de la familia Peña Coss. Le han dedicado tanto tiempo a analizar las idioteces del supuesto responsable; a difundir las obscenidades que dice sobre su novia y la madre de su novia; a entrevistar a todo el que se deja y a abrumar al televidente con las hipótesis más descabelladas, que se diría que no hay problema o asunto más importante en el país. López Dóriga se erige en fiscal o en defensor, según el caso; Adela Micha entorna los ojos para parecer inteligente y se siente la versión femenina de Sherlock Holmes; los diversos voceros del Canal 13 pierden el tiempo de la misma lamentable manera.
Lo obsceno no sólo es de carácter sexual. Hay también obscenidad morbosa o sangrienta y en ella se regodean nuestras grandes cadenas televisivas. Le dedican tanto tiempo al crimen y lo exhiben con tal fruición que no es de extrañarse que tengan a la población asustada. ¿Cómo no va a ser así si el tiempo que le dedican a un crimen es inversamente proporcional a su frecuencia? Los robos a transeúnte, de los cuales hay casi 60 por día, no merecen mención alguna, pero sale una asesina serial o mueren dos niños en una locura monstruosa -lo que en ambos casos es absolutamente excepcional-, y durante horas y horas los voceros televisivos, transformados en expertos criminalistas, nos dan a conocer su opinión sobre los puntos más macabros del triste suceso.
Quiero decir con esto, por un lado, que no debemos dejarnos manipular por el morbo sangriento de las grandes televisoras y, por el otro, que ya es tiempo de protestar ante la catarata de noticias de mal gusto que difunden a mañana, tarde y noche. Aunque no lo sepan, la tele tiene también una misión social que cumplir.
servido por notaroja
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Érika y Diego, el espejismo del amor. "Sorpresas te da la vida, diría Pedro Navajas".
Por Ira Franco
Es más fácil creerle a un asesino en el cine que en una nota de periódico. Siempre que los entrevistan me parece que hay algo burdo en sus motivos. No se ven particularmente infelices: sus neurosis son iguales a las mías. Lloran con Bambi, se masturban de vez en cuando, se caen del pesero, se fletan las colas del banco. Las cajeras del Wal-mart los tratan igual de mal, quieren un auto del año y sacarse la lotería.
La pregunta no es qué los convierte en asesinos, sino qué los hace diferentes a mí.
Allí está el tipo que hizo de su pick up una bola de boliche contra varios pequeños afuera de un kinder.
Allí está la mataviejitas que acabará por vender su historia a un guionista fracasado y regenteando los cigarros en prisión.
Allí esta el niño Santoy, que inaugura el asesino que privará en esta década: un chavillo clasemediero estudioso, blanco, guapetón y con futuro. El asesino del absurdo, el asesino aburrido, el cínico, una bestia solapada por la familia.
En cambio en una peli todo tiene sentido. Tus maestros de guión chingan hasta cansarse para que no se te ocurra escribir un personaje sin motivos: es un acomplejado, es feo (o gordo je), lo violaba su mamá, whatever. Tu personaje es un monstruo, pero tú escritor sabes por qué.
El cine no es realidad. El arte ordena el pinche caos que es la vida.
servido por notaroja
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