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Terra
La Coctelera

Categoría: Anécdotas y reflexiones

Si yo nunca muriera...

Por Tomás Mojarro (tomado de la columna "El valedor", del periódico METRO)


La vida y la muerte, mis valedores. Aquí algunas reflexiones:
La grieta entre la vida y la muerte es mínima; cuestión de fracción de segundo; es, sin embargo, una grieta tan absoluta, que ninguna experiencia puede tender un puente entre ella. Sólo podemos estar en un lado respecto a la muerte. De este lado, la muerte aún no existe; del otro, ya no existe la vida. Eso es todo. Si somos, la muerte no es. Si la muerte es, nosotros no somos...
La muerte, esa presencia viva en la comunidad. Nunca antes, en tiempos de paz, nos había zarandeado como hoy. Delincuentes y criminales, miembros del ejército, civiles, policías, y ahora el estallido y el incendio, en todos sentidos, que terminaron por desgarrar a sus víctimas, Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos, entre ellas. Y aquí mi problema personal...
La muerte mata, pero cómo suele hermosear al difunto. Y no, yo no voy a engranarme al coro oficial de maquillistas que a collares de adjetivos "embellecen" los cadáveres de Mouriño y Vasconcelos. Yo no, que no olvido los contratos de PEMEX ni la probable colusión con el narcotráfico. Pero vivimos noviembre y acabamos de invocar las almas de los fieles difuntos; vale, entonces, que evoque a la muerte, ella que en montones de años y felices días ha terminado por hablarme de tú. (Me está oyendo. Me guiña un ojo, mírenla.)
La forma en que hemos vivido va a reflejarse en la forma en que hemos de morir. Tal como un día bien vivido lleva a un sueño feliz, así una vida bien utilizada lleva a una muerte plácida. Si hemos vivido una vida de conflicto y emocionalmente perturbada, o una existencia egoísta y vacía, nuestra vida será agitada y difícil. ¿Que no sabemos morir? Por ello no preocuparnos, que a su hora la naturaleza tomará por su cuenta todo el asunto. Nosotros, sueltos, flojitos, anuentes. Oponernos de nada nos va a servir, conque...
Por cuanto a ustedes, ¿habrán leído a los existencialistas (Sartre, Camus)? ¿Recuerdan cómo se expresaron de la muerte? Que el destino a todos nos convierte en condenados a muerte, y que todos los crímenes que pudiesen cometer todos los hombres de todos los tiempos nada significan si se comparan al crimen fundamental de la muerte. Que la muerte, para el ateo, es un crimen sin criminal, y para el creyente un crimen perpetrado por Dios.
Y es que la muerte, según la Biblia, representa el castigo divino por la desobediencia del hombre. Si Eva y Adán, con sus descendientes, iban a ser inmortales, la muerte fue un castigo correspondiente al "pecado original". Así, la muerte deja de ser un accidente para convertirse en una fatalidad y una violación del orden natural. De esta manera y para algunos pensadores el mundo es una monstruosa, gigantesca prisión, de la cual la única salida que encuentran los condenados es la muerte. Que "cada día unos son degollados frente a mis ojos; vemos cómo seremos, a nuestra vez, degollados. Esa es la condición humana". Malraux.
Pues sí, pero al propio tiempo, la reflexión del filósofo: "una dicha para el hombre es su condición de mortal, pues gracias a tal condición su existencia puede hacerse dramáticamente intensa". (Tomen nota quienes, en vez de vivir su vida, persisten en el horror de vegetar en la mediocridad. Conste.)
¿Alguna esperanza de vencer a la muerte? Ninguna. Los avances de la medicina la retrasan, pero hasta ahí. El nacimiento y la muerte son realidades correlativas; una y otra suponen una mutación de estado. No se pudiese abolir la muerte sin abolir la vida. A la muerte la traemos en nuestro interior. Si acaso, circunstancias externas la activan, pero no más. Lástima.
El humano sólo toma decisiones importantes en su vida cuando está presente el sentido de la muerte por el riesgo de dejar incompleta su obra. Vive cada instante de tu vida como si fuera el último.
Porque lo único que le da sentido a la vida es la muerte. La cortedad de nuestra vida (singular e irrepetible) en relación al tiempo, ¿puede privar de sentido a la vida? No. Precisamente este saberse limitado por el tiempo es el factor que motiva y apresura al hombre a cumplir su misión en la vida, una misión que, en nuestra necesidad de trascendencia, juzgamos siempre incompleta. Y después de todo, mis valedores...
La vida y la muerte caben en una frase: entramos, y un llanto; un llanto, y salimos. Y ya. Piénsenlo. (Seguiré con el tema.)

Marchar 'exigiendo', un gasto estéril de energía

Marchas chaladas como la del sábado 30 en la Ciudad de México han sido, son y seguirán siendo INÚTILES, justo como la del 2004 y de 1997, lástima de organización social y qué asco de solidaridad de CLASE, pero qué chulada de postal con veladoras en el Zócalo. EXIGIMOS..blablabla, ¡qué ingenuidad! el gobierno no le da NADA al ciudadano, al contrario, LE QUITA demasiado; la gente trabaja, vive y se organiza A PESAR DE las autoridades, A PESAR DEL gobierno, A PESAR de los políticos. Lo que debería hacer la gente en vez de andar EXIGIENDO!!! es TOMAR lo que por derecho les corresponde, es formar células sociales autogestivas de seguridad comunitaria, formar redes de autoprotección, interactuar con sus vecinos, crear un directorio de vigilantes ciudadanos para reaccionar en caso necesario, respetar y hacer cumplir las leyes y reglamentos, diseñar círculos virtuosos de trabajo y participación colectiva en cada barrio, en cada pueblo, en cada colonia, y sobre todo DENUNCIAR y no fomentar ni tolerar conductas ilícitas, YA ESTÁ VISTO Y COMPROBADO que ni la policía ni el ejército ni el inútil sistema carcelario sirven para frenar la delincuencia y, si se trata de la violencia del narcotráfico, la ÚNICA SOLUCIÓN viable y efectiva es despenalizar el tráfico y consumo de drogas, tal y como se hizo con el alcohol y el tabaco, así se acabará la narcoviolencia de la noche a la mañana. PUNTO.

Horror metafísico / Terror psicológico

Por Gabriela Alegría Ponce de León

La diferencia entre horror y terror es simple: el terror es eso que sientes cuando alguien te sale de repente con una máscara fea, cuando vas caminando y crees que alguien te va siguiendo, cuando un perro te enseña los dientes. El horror es algo que más bien se queda dentro de ti, es lo que sientes con tan sólo pensar en algo que te da mucha cosa, como una araña. Puedes cerrar los ojos, incluso puedes alejarte de la fuente de tu malestar, pero esa sensación no se va. Siempre me he preguntado cómo es el dolor de los insectos. Toda la vida me ha parecido horrorosa la forma en que se les arrancan las patas o se les caen las antenitas y siguen caminando como si nada. bueno, la verdad es que yo le tengo horror a muchas cosas. Los animales muertos, cuando les llega el rigor mortis, ese peso denso, macabro, me da un horror tremendo, es una sensación muy desagradable, la detesto. También me dan horror las casas abandonadas, el vacío en su interior; cuando paso frente a una lo hago sin voltear a verla, rápido, porque siento que algo dentro va a llamarme. Me da horror también el agua estancada, los canales de la Ciudad de México son para mí la cosa más horrorífica que existe. El otro día estaba comiendo una manzana mientras veía las noticias y salió una nota acerca de una laguna de aguas negras que está en medio de una unidad habitacional en Iztapalapa, que a causa de las lluvias estaba en riesgo de desbordarse. No pude terminar mi manzana y comenzó a darme una ansiedad espantosa, me imaginaba esa agua verde espesa. Muchas veces he dicho que si alguna vez llego a caerme a un canal me den un balazo, que no me saquen, no podría vivir después de eso. Algunas veces me da horror también la oscuridad, le temo a todo lo que no puedo ver cuando estoy dentro de ella. El otro día que fuimos a Carrizalillos bajó una niebla pesada que no te dejaba ver lo que había a 10 metros de distancia, yo tuve miedo, juro que lo tuve, de que la niebla se fuera y nosotros nos quedáramos para siempre atrapados en esa dimensión. Hasta hace pocos años le temía a los extraterrestres, cuando salíamos a brechas y nos deteníamos a beber, todo el tiempo tenía miedo de que se nos apareciera un hombrecito gris. También le tenía mucho miedo a los enfermos mentales; todavía ahora me produce mucha ansiedad la sola idea de que uno me toque. Hay muchas cosas así que me producen ansiedad. Hubo un tiempo, cuando yo era muy niña, en que me atormentaban al grado de temer enloquecer, recuerdo especialmente el horror que me producía una alcancía con la figura de El Flaco que mi papá tenía. La odiaba, aunque la figura tenía los ojos cerrados, yo podía jurar que me acechaba. Una vez soñé que los abría. No sé por qué nunca se lo dije a mis padres. Odio también a los gusanos que se comen la carne muerta, the final beast, les llama Anne. También odiaba un muñeco de trapo enorme que no sé quién me regaló, lo detestaba como sólo alguien de cinco años puede detestar algo, le arrancaba la cabeza y mi mamá se la cosía de nuevo y yo se la volvía a arrancar, y vivía yo acechada por esas dos presencias que todas las noches cobraban vida para atormentarme, lo peor es que ninguno de los dos se movía, sólo estaban ahí, quietos. Sin embargo mi infancia transcurría entre mimos de mi mamá, visitas a casa de mi abuela y de mis primos y el abandono aún no estaba en mí. Tiempo después ese sentimiento vino de nuevo cuando llegó la soledad a tiranizarme, el horror, el horror, y para mí era una certeza que un día me iba a tragar. No sé cuándo fue que sucedió, pero un día decidí que entonces yo debía tiranizarla, obligarla a que se quedara conmigo para siempre, acompañándome... esclavicé a mi soledad, la aseguré a mis tobillos con dos cadenas y tres candados. Por eso me volví araña.

Foto: Y. García

Dos preguntas político-policiacas


1.- ¿Por qué los últimos dos gobiernos derechistas de México han militarizado sus cuerpos policiacos y de investigación criminal en lugar de profesionalizarlos y limpiarlos de corrupción?

2.- ¿Por qué los últimos dos gobiernos derechistas de México han movilizado a su cuerpo diplomático cuando un delincuente mexicano ha sido sentenciado a muerte en Estados Unidos y no mueven un dedo cuando un trabajador inmigrante es víctima de abusos o de algún delito en ese país?

La muerte nos arranca el disfraz...


Foto de Enrique Metinides. Serie. Mujer abandona el Semefo cargando el ataúd con el cuerpo de su hijo.

"A todos, de pequeños, nos gustaba jugar a disfrazarnos. Y de mayores no dejamos de hacerlo, aunque ya no lo llamamos juego. Sólo hay que abrir el periódico al azar para entrar en un escenario de lo más variado: personas adultas disfrazadas de soldados o policías, de reyes y princesas, de artistas, de pobres y ricos... Quizá la muerte es la única capaz de arrancarnos el disfraz, y cuando la observamos, en primera plana o en las páginas interiores, nos hace volver la cara por su falta de ropaje, por su crudeza insportablemente real".

CAÑELLES, Isabel. La construcción del personaje literario.

Foto tomada del libro "Revelations" del artista japonés Tsurisaki Kiyotaka.

Mejor morir de pie...

El Ché

La Pasionaria
En el artículo anterior mencioné la frase "Mejor morir de pie que vivir arrodillado" que generalmente se atribuye a Ernesto Ché Guevara, ya que al parecer la usó con frecuencia sin citar necesariamente la fuente: Dolores Ibarruri, La Pasionaria (Vizcaya, España, 1895), militante, luchadora social, ideóloga, Guerra Civil Española. Esto prueba dos hechos importantes: que el Ché efectivamente leía, y que este blog también es leído por personas que se animan a comentar, cosa que nos halaga. Un comentarista, empero, asegura que la frase es de Emiliano Zapata, el Caudillo el Sur, no de La Pasionaria, pero no menciona su referencia bibliográfica. Si hay algún lector que navegue por las aguas de la historiografía le estaré muy agradecido si nos puede aportar algo de luz a esta polémica que ya se ha replicado en otros blogs y de los que me traigo un comentario inteligente sobre el poder de las palabras:
“Las palabras no son de quien las dice primero, sino de quién las pronuncia mejor. Con esto quiero decir, que la totalidad de las palabras que usamos son "de otros", porque el lenguaje es eterna circulación, semiosis ilimitada, producción y reconocimiento. En este caso en particular, no creo que el Ché se las haya "apropiado"; no hubo "plagio"; lo que sí hubo es una excelente frase, de una heroica revolucionaria en un gran momento también revolucionario en el que esa idea universal de la defensa de la dignidad humana, quedó plasmada en los labios de Ernesto Guevara y encendió el fuego. Y quedó. Simplemente". (Romina)

Martí
Zapata

La muerte, una filosofía de vida

Transcribo a continuación una reflexión sobre la muerte, del colega español Diego Arranz publicado en su blog Crisis Existencial, a colación del primer aniversario de la muerte del periodista mexicano Rubelio Fernández, y además un poema dedicado, de Refugio González:

“Desde el enfoque de nosotros que vivimos, no es muy interesante saber qué hay después de la muerte (sea lo que sea lo veremos o no lo veremos, pues todos terminaremos muriendo). Desde una filosofía de vida, lo importante de ser consciente de la muerte es que es la forma más eficaz de poner toda nuestra energía en la vida, y vivirla como realmente queremos hacerlo en lo más hondo de nosotros. La conciencia de la muerte estimula las ganas de aprovechar la vida. La mayoría de la gente vive como si fuera inmortal, como si no fuera a morir nunca, como si diera igual que desperdicie un montón de segundos, días, semanas, años haciendo cosas intrascendentes o que no quiere hacer o que no le hacen feliz (actitud propia de quien consciente o inconscientemente no valora el paso del tiempo porque se cree mortal)”. Diego Arranz.

HOMENAJE INDIGNADO

Yo prefiero decir que mi hijo murió de amor.

Por conocer a su hija dejó de ir al Doctor.

Pero esto no justifica

crimen con él cometido:

llegó con dolor de muelas

y terminó sepultado.

Negligencia médica, dicen.

No sé si ese sea el nombre.

Para mí que es un crimen

que mucha gente padece.

Valeria sufrió lo mismo.

A su madre asesinaron.

¿A quién reclama esa vida?

¿A quién la viuda impotente,

contra quién

la huérfana recién nacida?

Nuestro homenaje indignado

reitera el deber sagrado:

cada minuto, cada segundo,

seguir luchando.

Refugio González, 10 de agosto, 2007.

El buitre y el fotógrafo

Foto Kevin Carter/Corbis Sygma.
Un buitre parece acechar a una niña casi muerta de hambre en un campamento para desplazados en Ayod, Sudán, África, en marzo de 1993.
Esta fotografía fue publicada por vez primera en la portada del New York Times el 26 de marzo de 1993, pero le valió en 1994 el premio Pulitzer de fotografía a su autor, el sudafricano Kevin Carter.
La imagen le significó a Carter reconocimiento, pero también críticas que, junto con la muerte en acción de su mejor amigo, el fotógrafo Ken Oosterbroek, y su adicción a las drogas y al alcohol, lo sumieron enla depresión. Poco después de recibir su premio en Nueva York, Kevin Carter se suicidió el 27 de julio de 1994, en Sudáfrica, inahlando el gas del escape de su auto que había conectado a una ventanilla. Tenía 34 años.
Cuando le preguntaban a Kevin qué había hecho para ayudar a la niña siempre respondía lo mismo, la verdad: nada, me di la vuelta y me fui, no sé qué pasó con la niña. Y quizá esa verdad, no la de su vida ni sus decisiones como periodista, sino la verdad de la niña hambrienta magnificada en sus pesadillas alucinógenas, terminó aniquilándolo. Sin poder regresar el tiempo y retornar a Sudán para saber de la niña, de pronto se sintió transfigurado en ella y decidió que lo mejor era terminar como seguramente esa pequeña acabó: muriendo. Kevin no tuvo dudas al oprimir el obturador de su cámara frente a la imagen que estaba seguro era de primera plana, pero titubeó frente a sí mismo, frente a su integridad como fotoperiodista y a la defensa de su trabajo cuando fue cuestionado por la frialidad desdeñosa durante y después del click en su cámara. Hubo quien dijo que el buitre era la metáfora del hombre detrás de la lente. Pero, honestamente, ¿qué pudo haber hecho Kevin por esa niña?, hizo lo que tenía que hacer: tomar la foto. Conciente del valor de su contenido, Kevin sabía que lo mejor que podría ocurrir era que la fotografía fuese publicada. ¿Egolatría, mercantilismo, insensibilidad? Simplemente periodismo. Era la realidad africana sintetizada en una sola fotografía. Ante esa niña y ese buitre, Kevin fue tan congruente y luego tan contradictorio --en el sentido de la flaqueza, la debilidad y la inseguridad que jamás demostró cubriendo conflictos armados y con las balas zumbándole en el oído--. Incapaz de remediar el vacío y los absurdos de su vida personal, terminó desbarrancado con todo y su gran ojo de fotoperiodista consagrado.

La carta póstuma es brutal, la de un hombre atormentado:
"depressed . . . without phone . . . money for rent . . . money for child support . . . money for debts . . . money!!! . . . I am haunted by the vivid memories of killings & corpses & anger & pain . . . of starving or wounded children, of trigger-happy madmen, often police, of killer executioners . . . " "I have gone to join Ken if I am that lucky."


Kevin Carter se arrodilla durante un enfrentamiento entre miembros de grupos políticos antagónicos en Alexander, Sandton, Sudáfrica. Un hombre detrás de él usa la tapa de un bote para protegerse. Kevin se "escuda" con su cámara. Foto de Guy Adams

Kevin pertenecía al autonombrado y respetado club de cuatro amigos y fotoperiodistas "The bang bang club" que literalmente trabajaba entre las balas cubriendo la noticia diaria en una Sudáfrica convulsa que peleaba contra el racismo y el apartheid en los años 80 y 90, pero donde partidos y facciones se confrontaban de manera violenta para ganar poder en el país. Todos habían recibido premios por fotos impactantes: linchamientos, ejecuciones... eran tipos duros y curtidos retratando la sangrienta historia de su país.
Marinovich, con un tiro en el pecho, es ayudado por el veterano fotógrafo de guerra James Natchwey, mientras atrás Silva retrata a su amigo Oosterbrok, quien agoniza por una balazo en la cabeza en manos del fotógrafo Gary Bernard y de un guardia militar el 18 de abril de 1994.

Kevin Carter (muerto), Ken Oosterbroek (muerto), Greg Marinovich (atravesado por una bala en el tiroteo donde murió Ken) y Joao Silva. Los únicos dos sobrevivientes del club, afectados también por esa espiral de tragedias de la que habían sido copartícipes, se alejaron del fotoperiodismo, uno de ellos está retirado y el otro hace fotos publicitarias. Silva y Marinovich publicaron el libro "The bang bang club", donde detallan la historia de este cuarteto de hombres que decidió vivir al extremo y pagó las consencuencias por ello.

Otra toma hecha por Joao Silva de su colega Ken Oosterbroek herido de muerte en un tiroteo mientras su amigo Kevin Carter era entrevistado en otro lugar sobre el premio Pulitzer que acababa de recibir por la foto del buitre y la niña sudanesa. Kevin nunca se lo perdonaría: "La bala que mató a Ken debió ser para mí".

Reportaje amplio en inglés publicado por un diario sudafricano puede ser consultado aquí.

Imágenes tomadas de digitalfilmmaker.net